El Texto de Textos nos revela en Números 15:21, “de las primicias de vuestra masa daréis a Jehová ofrenda por vuestras generaciones”.

Hay quienes hablan de hacer sacrificios especiales, obviando que Jesucristo hizo el mayor por nosotros al humanarse. Es por ello incluso que esta experiencia física que Él mismo vivió no puede vislumbrarse como un sacrificio sino como un aprendizaje y una oportunidad gracias a una serie de vivencias que voluntariamente nos deben integrar al Creador transformándonos conscientemente de lo material a lo espiritual. Y es que el pecado cual levadura solo nos recuerda que lejos de Él nos “dañamos” producto que seguimos reproduciendo pensamientos y acciones erróneas realmente dignas de evitar.

Para nadie es un secreto que aun queriendo hacer el bien nos enredamos en temas y circunstancias que nos llevan a actuar inconscientemente en contra de esa perspectiva que habíamos planeado, parte interior que reacciona incluso antes que nosotros conscientemente lo hagamos incluso contra esa nuestra voluntad, es por ello que aun conociendo los mandatos del Creador y queriendo vivir en ellos, nos vemos abocados a ser guiados por una especie de fuerzas externas que solo nos generan arrepentimientos.

Lucha contra el pecado para la cual necesitamos del apoyo de la oración, del estudio Bíblico, del ayuno, del servicio y la misericordia pero sobre todo de la guía del Espíritu Santo que trabaja por y para nosotros, ya que Jesucristo venció dichas fuerzas y nos redimió de la muerte, principal efecto de dicha desobediencia, siendo nuestra única obligación gracias a la Fe en Él mantener el rumbo de retorno al seguir sus mandatos.

Seamos entonces conscientes de la importancia de mantenernos firmes para que Jesucristo nos ayude a vencer nuestras debilidades, lo que algunos denominan como sacrificios, todo porque no comprendemos que debemos regocijarnos en Él en la certeza que encontraremos todo lo que necesitamos para que el Cordero que fue sacrificado para el perdón de nuestros pecados; nos guie a través del Espíritu Santo, limpiándonos así de dicho esencia pecadora, al quitar esa levadura de nuestra vida.

Bella perspectiva que nos sirve también para comprender que si en esta vida asimilamos sus mensajes a través de las diarias lecciones que se nos ofrecen y que no pueden leerse como sacrificios o castigos sino quizá como pruebas de Fe encaminándonos al servicio del Creador a través de nuestros próximos, seguramente dichos actos de obediencia nos regocijarán debido a la ayuda del Espíritu, vinculándonos a su amor que a su vez nos reconecta con la misma Creación.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 7:25, “gracias doy al Creador, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley del Creador, mas con la carne a la ley del pecado”.

Oremos para que toda enseñanza y acción sea guía por el Espíritu Santo.