El Texto de Textos nos revela en Números 20:12, “Sin embargo, el Creador les dijo a Moisés y a Aarón: «¡Puesto que no confiaron lo suficiente en mí para demostrar mi santidad a los israelitas, ustedes no los llevarán a la tierra que les doy!». 13 Por eso este lugar se conoce como las aguas de Meriba (que significa «discusión») porque allí el pueblo de Israel discutió con el Creador y él demostró su santidad entre ellos”.

La piedra sagrada en el corazón del Monte del Templo, en Jerusalén, es conocida en hebreo como אבן השתיה, Even Ha-Shetia, even אבן significa piedra y shetia שתיה para algunos  significa fundación, shatat, porque esta piedra es la base de la estructura del Templo y para otros tejido porque de ella se tejió el lienzo del mundo y la humanidad, pero algunos pocos este termino nos invita a una bebida ya que de ese lugar debemos obtener aguas de vida lo cual para esos estudiosos explica que desde el sitio en donde se encontraba dicha roca en el Jardín salía un río que regaba el huerto, que se dividía en otros cuatro ríos.

Para los creyentes ese río del cual brotan aguas de vida es Jesucristo, piedra angular desechada pero ciertamente mediador entre el Edén y la Redención, por ello de Él brota un manantial que riega el valle de Sitín, tal como Joel y otros profetas del antiguo Israel lo expresaron, pero para poder beber de esa fuente debemos dejar de pecar y acogernos a la misericordia divina para poder salir del exilio en el que aun están los Israelitas. Termino que entendido desde su raíz galut, גלות, GLH גלה, significa quitar y a la vez destapar los ojos o los oídos en fin: nos revelará la verdad.

Pero para poder comprender toda esta simbología necesitamos no solo leer y releer las Escrituras sino dejar que él Espíritu santo nos revele esa verdad, la cual es sencilla si nos permitimos creer en Jesucristo que es la roca de salvación, el agua de vida eterna, el santo que con su santidad nos libra del pecado, nos redime y nos guía hacia la vida eterna, Jardín del Edén del cual nos alejamos como fruto de dicha desobediencia.

Así que si para los judíos el lugar más sagrado del mundo es su Templo, en Jerusalén y este es la máxima expresión de apartar algo, para así protegerlo, por lo cual este se encontraba en una alta colina, en el centro de la ciudad más santa, en la tierra más santa y allí además estaba lo más sagrado en una cámara interior donde para ello reside la presencia del Señor, nosotros  como creyentes y gracias al Espíritu Santo que mora en ese nuestro templo corporal debemos comprender que esa visión mikdash, מקדש, kadosh, קדוש contiene en el verdadero significado de la Palabra del Creador la motivación a ser santos, separándonos para un propósito especial y sagrado protegiéndonos así con la sangre de Jesucristo el cordero inmolado por nuestros pecados.

Por lo que desde dicha perspectiva y respetando estas y otras creencias de las cuales bebemos para poder interpretar incluso los mensajes de Jesucristo nos lleva a beber de la fuente de sabiduría que Él nos dejo sentándonos a diario en ese amor que como roca nos mantiene firmes ante nuestra tendencia al pecado y nos permite además que nuestros deseos mundanos no nos alejen de la misericordia divina.

El Texto de Textos nos revela en Juan 7:38, “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”.

Oremos para que bebamos a diario de Jesucristo que es vida eterna.