El Texto de Textos nos revela en Nehemías 8:10, “ya pueden irse. Coman bien, tomen bebidas dulces y compartan su comida con quienes no tengan nada, porque este día ha sido consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza”.

Algunos ritos e incluso mitos que se han fundido en nuestras creencias parecen haber perdido su verdadero valor, por lo cual la Cena del Señor no parece denotarnos a diario lo que significaba el ver a Jesucristo como Pan de Vida. Quienes reflexionan más al respecto nos motivan a comer a diario el Pan de Vida atendiendo que se trata del mismo cuerpo y por lo tanto al nutrirnos con Él, el estar dispuestos a vivir como Él a amar como Él actuando conforme a su voluntad misericordiosa.

Incluso los creyentes deberíamos comulgar a diario con la idea de asumir que el Pan es ese alimento espiritual diario indispensable para nuestras cotidianidades, siendo Él quien nos sustenta, al punto que nos sacia de esa hambre y vacío que nos sofoca y que no se puede llenar con nada diferente a Él. Lo que implica que ese Pan nos da fuerza, vigoriza, nos sostiene, alienta y fortalece. Sí, Jesucristo debe ser quien espiritualmente nos da las motivaciones para caminar a diario sabiendo que Él esta con nosotros.

Quienes tienen otro tipo de creencias no pueden obviar que el símbolo del pan estaba ya implícito en la Ley, por lo que al tomarlo Jesucristo en aquella cena como emblema, nos esta indicando que Él en su persona y obra, resume el código de la alianza antigua. Por lo que entendiendo que es un tema un poco complejo de digerir la norma de vida para quien como creyente se considere su discípulo, es alimentarnos de su Palabra para vivir como Él.

Jesucristo es el Pan de Vida, símbolo además de entrega en su cuerpo lo cual desde la visión hebrea nos comunica la manera en que una persona está presente en el mundo, la forma como ese ser debe vivir y por lo tanto, el impacto que gracias a su ejemplo genera en los entornos en los cuales convive. De esta forma, al nutrirnos de Él somos transformados logrando a través de nuestros actos, palabras, pensamientos y vida expresar unos sentimientos que ya no son dominados por la carne, debido a que nuestro cuerpo es guiado por su Palabra.

Jesucristo como Pan de Vida también nos invita a alimentarnos y nutrirnos de su amor para apropiarnos de una nueva realidad, una que debemos asimilar e interiorizar de tal forma que esta transforme nuestros hábitos ya que hemos hecho como propias sus ideas y mensaje, alterando nuestra voluntad la cual irradiará en nuestros entornos actos de amor, justicia y misericordia.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 22:19, “y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí”.

Oremos para retroalimentarnos a diario de Jesús como Pan de Vida.