El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 2:3, “consideré en mi mente cómo estimular mi cuerpo con el vino, mientras mi mente me guiaba con sabiduría, y cómo echar mano de la insensatez, hasta que pudiera ver qué hay de bueno bajo el cielo que los hijos de los hombres hacen en los contados días de su vida”.

Reflexionar a fondo en las diversas enseñanzas que se pueden extraer de la última cena o Santa Cena nos puede llevar a sentirnos parte de aquel momento en que Jesucristo se reunió con sus discípulos para compartir el pan y el vino antes de su muerte, en la búsqueda que ellos y luego nosotros nos retroalimentemos a diario de su modelo de vida y mensajes los cuales redundan en amarnos los unos a los otros.

Desde las bodas de Caná Él nos comunica que el vino es signo del amor que para ese momento une a los esposos y que al transformarse refleja también la abundancia de ese fluir que debe existir en nuestros entornos lo que para algunos creyentes simboliza igualmente el amor del Creador y la alianza con su pueblo. Por ello en esa cena a la que estamos invitados a diario, el vino como sangre de Jesucristo derramada por amor expresa también la manifestación máxima de dicho vinculo de Él con nuestro Padre frente a una cruz, expresión de todo lo que se opone a Él que al derramarse en esta tierra a través de la muerte de su hijo generará la vida eterna la cual tiene en abundancia para nosotros.

A partir de ese sacrificio el vino ya no solo debe entenderse como una señal de amor sino sobre todo de misericordia y perdón, sentimiento que desde la lógica humana debe convertirse en una de nuestras expresiones más sublimes a través de la cual nos vinculamos nuevamente con el amor del Creador. El mensaje de la sangre en la Cruz, como el vino que debemos beber que le simboliza, concretiza entonces ese perdón y a la vez el rechazo que cada uno de nosotros asume al respecto de una forma de vida pecaminosa.

Beber el vino, a diario simbólicamente sea o no a través de la Cena del Señor, nos induce a ese perdón que ha sido ofrecido de parte del Padre a través de Jesucristo, gracias a la conciencia de cambio que nos da el abrazarnos a Él a través de la fe. Tomar la copa y beber el vino, debe ser nuestra diaria disposición a amar a todos nuestros próximos de la misma forma que Él, sin esperar nada a cambio. Por lo que al tomar esa copa, estamos denotando nuestra disposición a perdonar las ofensas de los demás, así como Él nos perdono.

Ojala gracias a las reflexiones que venimos haciendo a diario asumamos la hermosa costumbre de comer el Pan de Vida y Beber el Vino de la sangre amorosa de perdón del Cordero para que a través de ese acto imaginario y simbólico logremos vincularnos a su amor y que así nuestras oraciones en nuestro huerto eleven nuestro ser para que todas nuestras tentaciones, pecados, deseos e incluso desobediencias las podamos superar gracias a la guía del Espíritu Santo.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 22:20, “de igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”.

Oremos para que la sangre del Cordero embriague nuestras búsquedas para que deleitemos nuestros entornos con su amor.