Día 1 de la Cuenta del Omer – Pésaj – día 3.

El Texto de Textos nos revela en Zacarías 9:9, “alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.10 Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra”.

Reflexionar a fondo al respecto de por qué Jesucristo siendo el Verbo hecho carne y Rey de Reyes, entró a Jerusalén como un siervo humilde, montado en un asno, sin presumir en un corcel, sin vestiduras reales, ni corona, nos debe llevar a visionar que Él No vino a conquistar a la fuerza, ni con espada, sino con amor, sacrificándose en favor de nosotros. Por lo que su reino no tiene que ver con ejércitos o esplendor, ni con poseer territorios, sino con conquistar corazones y mentes pecadoras. Por ello su mensaje de paz eterna contrastaba con la visión temporal de aquellos seguidores que anhelaban otro tipo de rey.

Es probable que por ello la cultura del domingo de ramos no logre en su todo el hacernos recordar que esa entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, poco tiene que ver con aclamarle como ese Rey justiciero sino como uno perdonador que con su pasión, muerte y resurrección vino a rescatarnos, lo que quiere decir que además de cantar, alabar, aclamarle o hasta batir nuestras palmas para saludarle, estamos llamados a cumplir con su invitación a amar a todos y al todo.

Y aunque es una celebración anual que maravilloso sería que cada día coloquemos esas palmas benditas y hasta nuestros ramos de olivo para proclamarle como Señor y Rey de nuestras vidas y ofrendarle nuestro Templo corporal para que su Espíritu nos guie con su mensaje salvador y que este no sea simplemente una invitación a un acto ritual, sino sobre todo una continua motivación de vida para que ese amor nos vincule con nuestros próximos a cada instante.

Bajo esa mirada hay quienes entienden que el haberse montado en un pollino, o asna casi salvaje a la que nadie había accedido, es más que el mensaje de dominio sobre un pueblo indómito que aun ofrendando su vida a un Creador vive en contra de sus preceptos y más orientado a todos sus ritos para que entendamos que Jesucristo como Pan de Vida y salvador nos invita a que controlemos todas esas emociones y deseos y nos enfoquemos en lo que Él mismo nos denotó como lo único importante: amarnos.

Desafortunadamente, aún hoy y en medio de nuestras celebraciones y todas las ritualidades que le ofrecemos como pueblo, cargadas de diversos tipos de ofrendas, parece que nos olvidamos del enfoque que Él mismo nos imprimió para denotarnos que nuestro mayor problema o sea nuestro pecado solo se podría liberar gracias a Él como salvador, libertador y Mesías por lo que no es coherente que sigamos distraídos en una milenaria rebelión que nos mantienen esclavizados a dichas desobediencias.

El Texto de Textos nos revela en Juan 12:12, “el siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, 13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: !!Hosanna!!!Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! 14 Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: 15 No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, montado sobre un pollino de asna”.

Oremos para que Jesús reine no solo en nuestros corazones.