Día 9 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 12:49, “la misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros”.

 

Hay millones de personas que afirmamos el seguir a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, sin embargo en nuestro día a día poco denotamos con nuestras acciones esa realidad que debe reflejar que en nosotros ha triunfado el Espíritu sobre la materia. Tristemente nuestro ser corporal como vehículo para la integración con el Espíritu del Creador parece ser guiado inconscientemente por toda una serie de deseos y tentaciones en los que enfatiza este mundo mercantil en donde los mensajes de Jesucristo se disfrazan incluso de mitos.

Seguir a Jesucristo y dejarnos guiar por el Espíritu Santo implica un crecimiento integral y holístico diario en donde cedemos nuestra misma voluntad al Creador, sin embargo parece nos sigue interesando más el crecimiento económico y el asenso a posiciones sociales que aunque no desdicen de dicha búsqueda trascendente, si se ocupan demasiado de conocimientos mentales, de objetos materiales y muy poco de nuestra relación espiritual.

Creer en Jesucristo y su acto salvador para nosotros a través de la Fe implica llenarnos de su amor para vincularnos con todo aquello a través de lo cual nos recreamos a diario, logrando así integrarnos a través de cada uno de nuestros átomos y moléculas, los que a su vez se interconectan para perpetuar en nosotros la vida eterna, la cual florece a partir de nuestro renacimiento constante y así unirnos con la perfección del Creador.

Probablemente la cruz como símbolo universal tenga para algunos hasta connotaciones mágicas, para otros morales o hasta hay quienes las perciben como una especie de crisol en donde la materia prima de la Gran Obra sufre gracias a la infinita paciencia de la Pasión del Señor una gran trasformación. Pero lo ideal es aceptar que dicha cruz no solo implicó nuestra salvación sino como lo dice la misma inscripción romana, que algunos traducen como Rey de los Judíos, INRI, Ignis Natura Renovatur Integram, Él es el Fuego que Renueva Incesantemente nuestra Naturaleza.

Al llevar nuestra cruz como Él debemos estar dispuestos a morir con Cristo, que en términos más simples significa morir a nuestros deseos carnales y tentaciones mentales y seguirle, gracias a una entrega amorosa y absoluta en donde lo que nos importa es vivir a través de nuestras sanas interrelaciones con todos nuestros próximos, en una armonía que propende por el bienestar general, ese del que poco entienden nuestros egoísmos.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 16:24, “entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”.

Oremos para que siguiendo a Jesucristo con nuestra cruz no veamos esta como una carga sino como un esfuerzo supremo que nos lleva a la vida eterna.