Día 10 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Lamentaciones 1:2, “amargamente llora en la noche, y las lágrimas, corren, por sus mejillas; no hay quien la consuele entre todos sus amantes. Todos sus amigos la han traicionado, se le han convertido en enemigos”.

Se especula bastante al respecto de la traición de Judas más esa historia nos debe servir inicialmente para revisarnos el cómo nosotros mismos al renegar de nuestra fe terminamos no solo desconfiando de Jesucristo como nuestro Guía, sino actuando quizá igual o peor que aquel personaje que aunque la historia asegura defraudó a su Señor, otros piensan que simplemente desempeño el rol que el mismo Creador le había asignado en la búsqueda de que se llevara a cabo su crucifixión.

La traición es un golpe a la confianza, es cierto y se dice que parte de esa genética es la que ha hecho que algunos habitantes de Ish Queriyot, población cercana de Hebrón por el sur, estirpe de Judas continúen con ese apellido, Iscariote, que procede de Sicarioth, siendo referentes ahora de asesinatos políticos que abundaban además por Judea, provocando así el nacimiento de vocablos como sicario. Pero más allá de juzgar a estos u otros, todos como herederos del pecado no podemos seguir vendiendo nuestra salvación por unas cuántas monedas.

Y aunque hay quienes relacionan el nombre de Judas con Judea y por ende con los Judíos para responsabilizarles por la muerte de Jesucristo, todos parece obviamos que Él mismo nos eximió a nosotros como hermano de esa responsabilidad, debido a que voluntariamente Él se entregó para redimirnos. Probablemente lo que debemos rescatar entonces es la importancia de entender que no es la traición, sino el perdón, en lo que debemos trabajar más para desvincularnos por fin de esa estirpe pecadora.

Si revisamos nuestro día a día seguramente nos daremos cuenta que por más Fe que prediquemos en Él regularmente replicamos acciones que contradicen su mandato de amor y es que con esos nuestros hábitos mal sanos denotamos que el pecado como le sucedió a Judas sigue morando en nosotros y por lo tanto es nuestro deber asumir un cambio interior que nos aleje de esa misma horca diaria que no nos permite seguir dichos mandatos.

Por lo cual mientras sigamos coexistiendo en sociedades en donde no solo nos traicionamos sino que con nuestras desobediencias constantes nos alejamos de un Creador que murió por nosotros para rescatarnos, tristemente todo parecerá seguir indicando que Él seguirá colgado en aquel madero, pidiéndonos transformar nuestras conductas idolatras y ególatras que nos han llevado a alejarnos más y más de su obra.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 22:21, “mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. 22 A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; pero ¡!ay de aquel hombre por quien es entregado! 23 Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto”.

Oremos para que no sigamos traicionando a nuestro Creador.