Día 11 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Miqueas 7:7, “Pero yo he puesto mi esperanza en el Señor; yo espero en el Creador, mi salvador, ¡Él me escuchará!”

Fuimos hechos a imagen y semejanza del Creador de allí que el concepto de Adam, desde la fusión de las letras hebreas originales nos habla de carne y hueso siendo dam solo, דם, algo que nos indica sangre. Liquido que sumado a nuestra agua corporal y al aliento de vida convertido en aire nos denota que dependemos plenamente del Creador y que por ende no podemos perder nuestra esperanza mientras trabajamos unidos en pro de nuestra perfección.

Todo nos integra y nos denota que debemos hacernos parte y trabajar para ello. Bajo esa mirada no parece lógico que cuando tengamos conflictos tendamos a perder la esperanza, desanimándonos lo que solo nos demuestra que erradamente nos alejamos más y más del Creador y su aliento de vida, el mismo que nos otorga el Espíritu Santo que nos recuerda que Él nos esta aguardando, esperando y que  es cuestión de calmar nuestra sed de vida con esa agua viva que es Jesucristo nuestro salvador. Se trata de perfeccionarnos lo que se traduce en nutrirnos de su perfección.

Así que la esperanza, mikve, מִקְוֶה, que viene de la raíz קוה, es ante todo un recordatorio que nos invita a superar nuestra impaciencia, visión que no solo debe aplicarse al día a día sino a nuestra eternidad, en pro de nuestra salvación. Esperar en el Creador implica entonces recibir de Su ánimo y aliento fruto de la guía del Espíritu Santo, quien con su fluir amoroso nos demuestra que solo hay un tiempo presente eterno a través del cual deberíamos vivenciar cada circunstancia e interacción que nos acontece.

Desde una etimología mas profunda se nos recuerda que esa palabra hebrea mikve también significa charco de agua lo cual nos lleva a la creación en donde del conjunto de las aguas Él llamo los mares. No es gratuito entonces que el agua sea el recurso más abundante de la tierra y la base de toda vida y que a su vez Él sea nuestro más preciado manantial, lo que implica que si bebemos de esa fuente allí encontramos nuestra más profunda esperanza.

Todo se hilvana en pro de nuestro perfeccionamiento, si así lo queremos comprender, sin embargo es importante que esa espera se convierta en confianza o sea en fe lo que quiere decir el sabernos eternos y por ende a cada instante gracias a ese mensaje amoroso de Jesucristo compartir con nuestros próximos de ese fluir comprendiendo que aunque debemos esperar otro tipo de entornos en donde nos percibamos realmente más cerca del Creador, Él esta allí en nuestro cuerpo, su templo, a través de su Espíritu guiándonos permanentemente.

El Texto de Textos nos revela Hebreos 11:1, “Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve”.

Oremos para esperar en Él pacientemente.