Día 12 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Habacuc 1:30, “¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan”.

El ser humano producto del pecado a vivido en medio de peleas, batallas, que como la de Caín y Abel o David y Goliat que tuvo lugar en las onduladas colinas que separan la meseta montañosa israelí de la llanura costera filistea, enmarcan nuestras permanentes confrontaciones, quizá por ello nuestras raíces deben alimentarse más del árbol de la vida: Jesucristo, que el del conocimiento del bien y del mal. Valle de Elá, אֵלָה, que significa “terebinto” que como aquel en donde Jacob enterró a los dioses extranjeros de su familia bajo el terebinto cerca de Siquem, lo cual nos invita a que, אל atendamos esa fuerza divina pero no para adorarla.

Fuerza que aunque en ocasiones denotamos en otros esta incluso en nosotros porque hacemos parte integral de una creación lo cual no entendemos, llenándonos así de conflictos que denotan nuestras batallas internas y externas especialmente por nuestras creencias, debido a que no buscamos que prevalezca nuestro único Señor de Israel, Elohim, dejándonos seducir por los numerosos dioses e idólatras, elim. Visión que se ha perpetuado y que ha generado incluso que al pueblo escogido se le persiga cuando debería más bien admirársele y aprender de ellos. Desde esa mirada la misma naturaleza nos incita a integrarnos y a vivir en armonía.

Desde dicha perspectiva el pueblo judío ha sido el que más ha tenido que soportar este tipo de guerras y persecuciones producto de su visión Teocéntrica de la vida, mirada que hace que el día del Holocausto, llamado en hebreo Yom HaShoah, sea más que día israelí de recuerdo de cuando se levanto el ultimo Gueto el de Varsovia, un día de revisarnos como seres humanos para que dejemos de agredirnos y empecemos a agradarnos como hermanos, teniendo claro que los conflictos especialmente los interiores son llamados de atención de nuestra alma para que dejemos nuestras egolatrías.

La palabra holocausto nos habla de algo completamente quemado lo que desde una perspectiva un poco más amplia nos indica la necesidad de elevar a nuestro Creador como incienso grato para Él nuestras buenas obras y servicio fraternal, ese que nos aporta y que no nos aparta como históricamente lo hemos hecho no solo perpetuando guerras sino convirtiéndolas en nuestra mejor excusa para no atender a un Creador que nos motiva a coexistir armónicamente como su obra.

Y aunque se nos dice que en la creación los animales fueron hechos por Él casi que completos, mientras que el hombre y la tierra fueron creados en un estado básico y puro, ello solo nos esta reiterando que necesitamos de un desarrollo, de coordinar nuestro libre albedrio con esa voluntad general y así el realizar un trabajo especifico diario para alcanzar nuestro pleno potencial a su lado y bajo su guía, de lo contrario todas nuestras fortalezas descontroladas, solo generan caos y batallas.

 

El Texto de Textos nos revela en Mateo 23:37, “!!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! !!Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”

Oremos para que logremos nuestro perfeccionamiento.