Día 15 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 20:20, “y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino el Creador, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis”.

El mensaje de salvación de Jesucristo nos sirve entre muchas cosas para entender que Él nos libro de los efectos del pecado del primer Adam, quien al comer del fruto del árbol del conocimiento nos involucro por su desobediencia en la posibilidad de perder nuestra vida eterna. Así que Jesucristo nos evitó todos esos inconvenientes, impedimentos, dificultades y hasta los riesgos que implicaba dicha muerte, la misma que nos excluyo y dejó aparte.

Por ello el mensaje de redención de Cristo como acto supremo debe entenderse como algo esencial para el día a día en nuestro proceso de crecimiento y por lo tanto como una realidad interior, que no depende de un futuro incierto en donde llegaremos a un más allá sino de una vida compartida que percibiéndose como eminentemente exterior implica una identificación presente y continua con esa divinidad de la que hacemos parte.

Percibirnos más allá de tiempo y como partes de un todo nos obliga a la vez a sabernos intrínsecamente fusionados con cada partícula que nos acompaña durante nuestras experiencias terrenales, labor individual que también es una tarea trascendente que nos compromete con los otros, cultivando para ello nuestras mejores virtudes, esas que implican un servicio fraternal desinteresado plagado de mucha oración.

 

Jesucristo como redentor nos invita a renacer en cada amanecer recibiendo la gracia del Creador para así morir incluso cada que nos acostemos con la satisfacción de saber que el nuevo día nos regalará otra oportunidad de sabernos justificados de nuestros pecados. Muerte simbólica y mental que más allá del termino y de todo el poderío que le hemos dado a esa expresión, puede significar más bien un paso, una purificación que logra a diario separar lo impuro de lo puro en nuestra naturaleza.

Un buen ejemplo de esa diaria transformación, la podemos encontrar en algunas serpientes que cambian de piel y que nos denotan a nosotros que debemos transformar todo aquello que no nos permite vivenciar el mensaje de la salvación, ese que nos sacó del inframundo de los deseos en el que nos mantenemos fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal para elevar nuestro inconsciente a la dimensión de la Luz en donde nuestra conciencia cobra un nuevo sentido y nos permite proyectarnos a la vida eterna desde aquí y ahora.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 15:21, “porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”.

Oremos para que el mensaje de Salvación del Creador resignifique nuestros días.