Día 16 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 7:3, “mejor es la tristeza que la risa, porque cuando el rostro está triste el corazón puede estar contento”.

Hay quienes suponen que estamos presos de emociones inconscientes que cogobiernan nuestras existencias, lo cual aun suponiendo como cierto es más una invitación a aprender a coordinar y ojala controlar estas, asumiendo incluso dichos impulsos nerviosos con gratitud para desde esa mirada ir contrarrestando toda esa negatividad que nos sofoca transformando aquellos pensamientos, palabras e incluso acciones inconscientes que motivadas por esas emociones nos han llevado a actuar de una forma y no de otra.

Se dice que la infelicidad desde esa perspectiva es simplemente un llamado para que entremos voluntariamente a estados emocionales en donde nos separemos de creencias que con sus costumbres legendarias nos han llevado a presuponernos eternamente castigados, cuando el mismo Creador en sus manifestaciones nos expresa su invitación a coexistir en armonía y a complementarnos, gracias incluso a todas nuestras diferencias, esas que algunos las entienden como de fondo cuando son simplemente de forma.

Aquellas culturas que celebran la Fiesta de Qingming o del resplandor puro, la cual marca el inicio agrícola para arar y sembrar los campos nos denotan también a través de dicha conmemoración en donde se combina la tristeza con la felicidad, la importancia de no solo no llorar nuestros muertos en sus tumbas, sino de barrer con bellas imágenes sus tumbas tras un sacrificio para evacuar ese pasado que nos pesa. Propuesta que como creyentes en la eternidad nos invita a ver en la muerte solo una transición.

Con lo cual si queremos acogernos a alguna extraña tradición deberíamos fijar nuestra mirada para el caso de estas culturas más en la fiesta Hanshi o comida fría que como espacio para la fraternidad y el servicio compartiendo en familia nos lleva a elevar cometas y plantar árboles, hábitos que aterrizados a nuestras búsquedas espirituales nos debe llevar a sembrar alegrías en vez de tristezas en nuestros corazones y a intentar que a diario florezcan lecciones de crecimiento que con sus frutos nos provoquen emociones que nos vinculen al Creador.

Tener consciencia de nuestras emociones y sentimientos para entender cómo canalizarlos es aprender a evacuar y liberarnos de dichos impulsos nerviosos incoherentes y atender la importancia del manejo y control de nuestra voluntad esa que nos posibilita el ser a imagen y semejanza de nuestro Creador, llevándonos a hacernos más conscientes de lo que ello significa para que guiados por su Palabra y así con el reflejo de esa Luz infinita decidamos ser felices lo que se traduce en cogobernar con su ayuda nuestro ser para que ninguna emoción pueda seguirnos generando desilusiones, alucinaciones y decepciones.

El Texto de Textos nos revela en Filipenses 2:21, “porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús”.

Oremos para que la luz del Creador resplandezca incluso a través de nuestras emociones.