Día 22 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 34:11, “porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré”.

El concepto de verbo nos lleva a la Palabra creadora, pero a la vez a percibir esta desde la acción, lo que quizá nos indica que nuestro lenguaje es el que le da realmente movimiento a la vida y por lo tanto a compenetrarnos con esa Palabra del Creador, la cual al accionarse a través del Verbo hecho carne le dio un sentido a la misma Creación. Visión trascendente que si sabemos asumir nos permite resignificar todo lo que debería ser el comunicarnos en el día a día de nuestras coexistencias.

Así las cosas seguir pensando que a las palabras se las lleva el viento, no solo es un error conceptual sino de vida, ya que quizá ese eco moviliza tanto nuestras vidas como las de nuestros congéneres, con lo cual afectamos no solo nuestras mentes sino los corazones y anhelos de todos esos seres que se retroalimentan a diario con ellas. Desde esa mirada sería además válido asumir que al verbalizar nuestros pensamientos e imaginarios le estamos dando vida en este plano a todo aquello que desde allí creamos.

Por lo que a partir de dichos criterios deberíamos antes de emitir cualquier tipo de expresión el colocarnos en la posición de saber si esa Palabra recreará lo mejor de la vida tanto para nosotros como para los receptores o si por el contrario ella va a generar una serie de afectaciones que desarmonizaran tanto nuestra realidad como la de todos. Somos una unidad lo que implica que al nutrirnos de la Palabra del Creador debemos proponernos asumir esos diversos significados para recrearnos en ellos y promover así armonía.

Nuestro diseño original nos demuestra que tenemos dos orejas que se mantienen abiertas todo el tiempo y una boca que esta cerrada incluso para que respiremos por la nariz. Sistema que a su vez, ingiere comida, como una manera quizá de reiterarnos que a través de ella nos nutrimos y que por lo tanto debemos con esos mismos propósitos retroalimentar sanamente todos los oídos de los demás, lo que nos obliga a bien decir antes que a seguir profiriendo maldiciones con ese instrumento único del que nos doto la creación.

Nuestras palabras crean y con ellas nos recreamos, lo que quiere decir que gracias a ellas consolidamos una vida, una realidad, que puede ser satisfactoria si estas palabras nos incitan a ello o que por el contrario pueden ser verdaderamente caóticas cuando esas mismas expresiones se enfatizan en lo que no es. Y es que aunque no lo comprendamos nuestras palabras se hacen carne, vida, lo que implica que nuestros Verbos deberían propender por fluir con aquellas palabras que Jesucristo nos lego plagadas de amor.

El Texto de Textos nos revela en Juan 1:12, “mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos del Creador, á los que creen en su nombre. 13 Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas del Creador. 14 Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Oremos para que nuestras diarias expresiones denoten que en nuestro corazón esta el Creador.