Día 25 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 31:11, “cuando todo Israel venga a presentarse delante del Creador tu Señor en el lugar que Él escoja, leerás esta ley delante de todo Israel, a oídos de ellos”.

 

Peregrinar puede implicar movernos, ir a visitar un lugar, para algunos sagrado, logrando en ese recorrido orar y hasta cumplir con algunos votos o rituales especiales. Visión que para esos seres no tiene fines turísticos lo que se traduce en que dichos lugares acogen una serie sentimientos y energías que llevan a presuponer incluso que allí esta más cercana la presencia del mismo Creador. Por los que quienes peregrinan tras estos pasos o enseñanzas nos reiteran que este mundo es un transito que nos debe llevar a la vida eterna.

Mirada que además nos dice que peregrinar es meditar para sentirnos conectados más que a un lugar con nuestro Señor, logrando que todo lo que allí se traspira nos inspire y que cada símbolo o imaginario nos recuerde de dónde venimos y para dónde vamos. Ya que en esta tierra estamos de paso, peregrinando y por lo tanto, dichos sitios de peregrinación también nos insinúan que nuestro cuerpo es todo un santuario, un lugar especial en donde el Espíritu del Creador se reconecta con nosotros a través de nuestra alma.

En el fondo si así lo quisiéramos percibir el mismo mundo es un santuario y desde esa mirada cada circunstancia nos debería otorgar las enseñanzas necesarias que podríamos tomar para dejar atrás todo lo que nos ata al pecado, ese que nos alejo de nuestra casa celestial, se trata siempre de dar cada nuevo paso hacia Él para seguirle. Y es que al igual que sucede en dichos sitios de peregrinaje en donde algunas personas hacen sacrificios como el ir descalzo, de rodillas, el ayunar, u otros tantos, todos debemos motivarnos a emprender nuevos senderos hacia el santuario donde esta nuestro Creador asumiendo cada paso desde dicha esperanza.

Probablemente por ello en este peregrinaje cotidiano hay quienes proponen el encontrarnos con la necesidad de hacer algunos sacrificios, todo en pro de un reencuentro en donde ese esfuerzo por grande que nos parezca se convierta en una recompensa que nos lleve a integrarnos cada vez más con el Creador, de allí que la búsqueda de llegar a ese lugar celestial deseado se debe puede ver compensada temporalmente con la alegría de saber que más que visitar esos santuarios de peregrinación nos podemos saber a diario tan cerca de Él como nos lo propongamos según la actitud que asumamos.

Por ello el ideal es que sabiéndonos peregrinos en este mundo, a diario busquemos que todos nuestros pensamientos, palabras, actos e incluso omisiones cumplan con ese objetivo de acercarnos al Creador y que incluso las promesas que le hagamos a Él estén encaminadas más que a sacrificarnos por algo: a vivir plenamente por y para Él. Lo que quiere decir que estamos trabajando paso a paso con entusiasmo, servicio y amor para el regreso a nuestra casa celestial, esa que podemos vivenciar también desde nuestros hogares si compartimos a cada instante aquí y ahora con nuestros seres amados.

El Texto de Textos nos revela en Santiago 4:10, “humillaos delante del Señor, y Él os exaltará”.

Oremos para que el peregrinaje por este mundo nos reconecte con el Creador.