Día 26 de la Cuenta del Omer

 

El Texto de Textos nos revela en Levítico 6:12, “Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz. 13 El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará”.

Curiosamente la palabra hebrea que en español hace referencia a una cosa y con la cual describimos los objetos físicos, es dabar y que deriva de la raíz dibur o sea hablar lo que quizá nos enseña que todo objeto no es más que un mensaje hablado. Es por ello que más allá de esa realidad física, en cada cosa se nos comunica un mensaje espiritual sobre la existencia de nuestro Creador. Desde esa mirada el fuego tiene el poder de transformar todo lo que se pone en contacto con él, logrando a través de esa liberación de energía que se nos revele que en ella hay una luz invisible más fuerte que la que el calor nos dice.

La misma física nos enseña desde sus leyes como por ejemplo la de la entropía, que las cosas en la naturaleza tienden al desorden, en dirección hacia el caos, lo que desde una mirada espiritual nos lleva a encender en nosotros esa llama gracias a lo que reconocemos como inteligencia o creatividad intentando que cada partícula dentro de ese movimiento permanente con su energía nos integre armónicamente a la una unidad, y así ese Creador con su fuego o Luz pueda irradiarnos vida, representada en toda cosa creada.

Probablemente por ello es que los místicos ven en esa energía un potencial para todo objeto, cosa o persona, en donde ese fuego o luz divina que esta en todas partes toca cada partícula existente y hace que su llama interna de vida a cada una de esas moléculas apagadas o de lo contrario están se extinguen, fruto de no retroalimentarse de dicha chispa de vida. Lo que nos invita a sabernos parte de un todo que con su energía mueve cada partícula de nuestro ser y cada cosa de este mundo.

Así que Su Palabra es fuego y a través de esta podemos identificar cada objeto que percibimos logrando que el concepto original de fuego vaya más allá del significado tradicional de foco, para reenfocarnos en todo aquello que nos da calor, energía, luz y que cual hoguera que también se entiende como hogar, podamos ver en el mismo fuego a esos cuatro elementos fundamentales, símbolos de una Unidad armónica, siendo el fuego sinónimo de sanidad de purificación, sí de la propiedad de limpiarnos.

El fuego arde lo que nos enseña un valor, unas cualidades que nosotros mismos les conferimos a las cosas, personas e ideas incluso a algunas circunstancias y gracias a esa estimación, que podemos encender la búsqueda de vivir conforme a sus preceptos logrando así unas relaciones armónicas. Por lo tanto al hablar démosle a ese verbo valorar la connotación de reconocer, estimar o apreciar para que las confusiones etimológicas que nos apagan no nos lleven a dejar de depender del fuego del Creador.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 2:19, “y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; 20 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; 21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”

Oremos para valorar más y más la vida.