Día 28 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 18:4, “aguas profundas son las palabras de la boca del hombre; arroyo que fluye, la fuente de sabiduría”.

La ciencia nos reitera que algo más del sesenta por ciento de la esencia del cuerpo humano es agua, lo que nos lleva a entender que esa sustancia misteriosa y poco comprendida por nuestras culturas consumistas es la base de nuestra existencia así como lo son otros elementos que como la luz o fuego, la energía, la tierra y el aire nos denotan las manifestaciones del mismo Creador en nosotros esas que solo nos demuestran que este mundo físico contiene una unidad con el todo.

De allí que el agua como elemento entre otras cosas purifique no solo nuestros sistemas inmunes personales y globales sino nuestros seres lo cual hace de forma integral y holística. Así que al limpiarnos se disuelve con nuestras impurezas tanto físicas como espirituales. Por lo cual el mismo Jesucristo al identificarse como agua viva nos esta diciendo de la necesidad de purificarnos de todo aquello que nos contamina dejándonos con ese fluir amoroso sanar todo nuestro ser.

Y aunque la humanidad cada vez parece valorar menos el agua, al punto que algunas creencias celebran con ella hasta guerras desperdician este liquido vital con sus acciones incoherentes durante sus festividades, no podemos negar que en el fondo el ideal de estas conmemoraciones es el de intentar denotar con esa agua que realmente es bendita, que lo ideal es rosearla suave y respetuosamente para limpiarnos lo cual más allá de darnos buena suerte a través de nuestras espaldas para salvarnos del pecado de este mundo.

Por el contrario mientras sigamos valorando tan poco este liquido vital desperdiciándolo, contaminando incluso nuestras fuentes y cuencas y, distorsionando su importancia, llegará el día en que no podremos ni refrescarnos y menos divertirnos con ella, sino que sufriremos los efectos de su ausencia. Por ello debemos es meditar, incluso rezar y hasta compartir de dicha agua como alimento de vida para limpiar con ella nuestros entornos y relaciones y asi renovar nuestras coexistencias.

 

Perspectiva que nos dice que Jesucristo como agua de vida nos invita a refrescarnos en Él, a limpiarnos y hasta sumergirnos en su amor para purificar nuestras existencias y gracias a ello poder iluminarnos espiritualmente debido a dicha esencia divina en donde nuestras coexistencias se alejan del pecado y oscuridad que históricamente se ha adherido a nosotros y que gracias a nutrirnos de dicha agua nos permite un crecimiento holístico e integral que no se logra de ninguna otra forma.

El Texto de Textos nos revela en Juan 4:14, “pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna”.

Oremos para que Jesús como agua de vida nos limpie y purifique a diario.