Día 31 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Cantares 8:6, “grábame como un sello sobre tu corazón; llévame como una marca sobre tu brazo. Fuerte es el amor, como la muerte, y tenaz la pasión, como el sepulcro. Como llama divina es el fuego ardiente del amor”.

En nuestro código genético contamos con una información muy bien definida que logra que al combinarse algunas células que también cuentan con una decodificación especifica se den unos intercambios, que secuencialmente hacen que todo se integre formando así sistemas como cuerpos. Lo que implica un ADN, información genética que contiene un código el cual mirado desde nuestra lógica espiritual se traduce en los mandatos de la Palabra del Creador que están allí inscritos en cada partícula de nuestro ser para que no perdamos el rumbo.

Y es tan diciente el tema que se dice también que existe un pequeño hueso en el cuello, en el extremo superior de la espina dorsal, que tiene la forma de una nuez, el cual sobresale en nuestra espalda. Parte que en hebreo recibe el nombre de Luz. Para quienes creen en ello, este hueso no obtiene ningún sustento de la comida que uno ingiere, excepto en la noche del sábado. Por ello es muy importante para dichas creencias tomar parte en una comida después de Shabat y de Havdalá.

Se dice además que dicho hueso nunca se deteriora, por lo que el Midrash relata que, todas las personas van a ser resucitadas y reconstruidas a partir de ese hueso, llamado también el de la resurrección ya que este es indestructible. Y es tal la resistencia de este hueso que se argumenta que puede ponerse entre dos piedras de molino, y molerlo todo el día y no se desgasta ni siquiera un poco. Incluso a quienes creman su cuerpo, este no se les quema, por lo que hay quienes le llaman el hueso de hierro.

Pero más allá de las visiones al respecto de este hueso esta claro que nuestro ADN contiene toda la información no solo física, mental e histórica de nuestra especie, sino la espiritual divina, lo que nos denota que hay un diseño original, sin embargo y obviando todas las creencias al respecto, somos eternos y de allí que debemos asimilar el milagro de la resurrección más allá de sabernos parte del polvo de la tierra sino que provenimos gracias a esta información de otras estructuras que incluso le dan vida a lo que sin ella no podría existir.

Por ello se dice que estamos inscritos en el libro de la vida, siendo este eslabón el que nos permite comprender que el Creador no solo nos formó de su Palabra sino que inscribió esta tanto en el ADN como en nuestros huesos y cada molécula de nuestro ser, entendiendo que no la leeríamos ni creeríamos en la Biblia y necesitaríamos de otros espacios para comprender que resucitaremos y Él nos dará un nuevo cuerpo semejante al original, y ese cuerpo que descompondrá en la tumba será reconstruido para que tengamos uno nuevo del cual habla ese microchip genético que conserva toda nuestra información como seres de Luz.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 9:27, “y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.

Oremos por la esperanza que tenemos grabada en nuestro propio ser.