Día 32 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 4:22, “entonces dirás a Faraón: así dice el SEÑOR: Israel es mi hijo, mi primogénito”.

La Biblia nos deja muy claro que venimos de un diseño original: “a imagen y semejanza del Creador”, más todo parece indicar que a partir del pecado original las copias de dicho molde se han venido deteriorando fruto de estar alejados de Él y por ende es que necesitamos retornar al lado de nuestro arquitecto. Versión que además en lo físico parece corroborarse a través de  nuestros  telómeros, partículas que tienen como función entre otras el servir de escudos protectores de nuestro ADN como también de nuestras células.

Concepto poco conocido que además esconde no solo una bella metáfora producto de ser esa parte final que recubre los extremos de nuestros cromosomas y que con la telomerasa le dan a algunas células esa capacidad de revertir su acortamiento, lo que en palabras más sencillas significa que dicha enzima los extiende. Función que se traduce de forma simple en que esa polimerasa del ADN dependiente del ARN, reproduce una especie de moldes que cada cierto tiempo como copias de esa información deben renovar nuestras células.

Visión que desde una perspectiva trascendente explica el por qué nuestros cromosomas como estructuras se encuentran en el núcleo de nuestras células y transportan fragmentos largos de ADN, duplicándose, generando copias entre las células las cuales se renuevan periódicamente. Lo que nos permite comprender que ese ADN y el ARN como material que contienen nuestros genes y que sirven de pilar fundamental de todo nuestro cuerpo humano, sacan duplicados de sí mismos con una nueva información cada cierto tiempo, renovación que sin embargo para algunos genera el envejecimiento.

Más esos códigos que son duplicados según algunos estudiosos cada siete años, hacen que la nueva copia general nuestra, sea un poco menos original que aquella de la cual se tomó. Concepto de renovación que aunque suena a envejecimiento material, desde lo espiritual se traducen que por fuera nos vamos desgastándonos, pero por dentro articulándonos al todo. Proceso que además deja en claro que somos fruto de un intercambio constante de información que parte de nuestro propio ser a través de todas esas células que con sus inter relaciones nos forman y trasforman.

Envejecimiento, claro, que sumado a los efectos de los rayos ultravioleta del sol nos afecta lentamente y que articulado al de los radicales libres, solo explica que lejos del Creador nuestro ser se deteriora. Proceso natural de acercamiento a la muerte que tiene una fecha concreta de expiración y que según algunas visiones en dicha información se encuentra incluso el numero de años que viviremos así como las enfermedades que padeceremos e incluso algunas vivencias que necesitamos experimentar. Predestinación que expertos en filogenética aseguran esta inscrita en nuestro ADN y sus diferentes moléculas.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 3.2, “amados, ahora somos hijos del Creador, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro”.

Oremos para que todo nos demuestre que volvemos al Creador.