La sinceridad implica primero que todo el ser honestos con nosotros mismos para poder serlo con los demás.

Una perla cotidiana argumenta que “es más fácil engañar a la gente que convencerlos que viven engañados”.

Cuentan que lo ideal no es tanto buscar a alguien que hable nuestro mismo lenguaje sino sobre todo que logre traducir nuestros sentires con su alma.

El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 1:5, “Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera”.

Valoremos nuestras COTIDIANIDADES… ¡Transformándonos!