Día 34 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 5:18, “Esto es lo que he comprobado: que en esta vida lo mejor es comer y beber, y disfrutar del fruto de nuestros afanes. Es lo que el Creador nos ha concedido; es lo que nos ha tocado”.

Se tiene un concepto equivocado al respecto del trabajo, probablemente debido a una sesgada lectura de la Biblia en donde se cree que el castigo de Adán y Eva fruto de ser expulsados del paraíso por comer del árbol del conocimiento fue el de tener que trabajar, tarea que no hacían en el jardín del Edén. Y aunque el pecado provocó muerte, dolor y hasta vergüenza, el ganarse el pan con el sudor debe entenderse mas bien como una redención, gracias a la cual podemos aprender a valorar más, todo lo perdido.

A diario necesitamos trabajar para sustentarnos, alimentarnos, abrigarnos y protegernos, pero más allá de suplir estas y otras necesidades primarias no podemos negar que gracias a ello vamos especializando nuestras labores y cooperando para nuestro crecimiento y desarrollo. Lo que nos ha servido históricamente para que todos esos esfuerzos y la sabia utilización de dichos aprendizajes nos hayan permitido darle un mejor uso por ejemplo al fuego, luego recrearnos en la rueda, más adelante comunicarnos a través de la escritura, al tiempo el domesticar algunos animales y otras tantas cosas para ir logrando enormes trasformaciones para nuestras coexistencias.

Esta demostrado que con el trabajo se consolidó una línea económica que partió de la recolección, la caza y la pesca para luego posibilitarnos procesos agrícolas y ganaderos productivos que hoy con el acelerado avance tecnológico y cultural nos han permitido un desarrollo. Lo que por otro lado no ha logrado borrar de nuestros seres la huella del pecado, así es como seguimos acentuado no solo la profundización de la división social fruto de ese egoísmo natural que sigue llevándonos a creer mal del trabajo multiplicando así otras visiones que equivocadamente nos llevaron a concluir que este es un castigo divino.

El pueblo Judío nos habla al respecto de otro enfoque uno más espiritual: Tikum Olam, que significa reparar el mundo, y que implica una justicia social que nos motiva a ayudar más al prójimo cumpliendo con ese mandamiento de amarles como a uno mismo. Y es que para reparar el mundo, como a nuestro cuerpo se hace necesario más que tener conocimientos y tecnología, el trabajar tanto intelectual como manualmente. Lo que quiere decir que se hace indispensable el uso de nuestros dones y fortalezas en esta vida, ya que no hay ni empresa, ni conocimiento, ni sabiduría en la tumba a la que nos dirigimos.

Lo que se traduce en que el realizar las tareas propias bien hechas es una satisfacción personal, un orgullo, ya que el trabajo bien hecho es para el Creador y ello redunda en bienestar general ya que si todos hacemos las cosas bien y como las debemos hacer, nuestro bienestar esta casi garantizado. Para nadie es un secreto que el trabajo bien hecho mejora la sociedad, por lo que seguir calificando el trabajo como un castigo solo hace que no lo aceptemos a través de una visión reparadora sino como una carga.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 4:28, “el que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”.

Oremos para que dediquemos nuestras diarias labores el servicio y ofrenda de nuestro Creador.