Día 35 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 47:9, “y sucederá que dondequiera que pase el río, todo ser viviente que en él se mueve, vivirá. Y habrá muchísimos peces, porque estas aguas van allá, y las otras son purificadas; así vivirá todo por donde pase el río”.

Al representar a Jesucristo a través de un pez algunos creyentes nos hablan de superar esos ambientes hostiles en que deambulamos a través de un mar de principios que nos conducen por las corrientes de la salvación. Otros creen que un pez evoca lo que esta oculto o sumergido en las profundidades, mientras que hay quienes nos indican que ese símbolo explica que todo puede germinar y multiplicarse gracias a esa semilla del amor de Él que despierta nuestras perspectivas de esperanza, de redención y de resurrección.

Esta claro eso sí que toda la naturaleza nos habla de la importancia de la armonía y que gracias a ello para lograr ese estadio se requiere que hayan contrarios, lo que nos denota que el equilibrio tiene diversas posiciones y opciones. Por ello esa simbología del pez también hace alusión a algo o alguien que se levanta después de haber caído y vuelve la cabeza en dirección del rey, de la autoridad con el fin de obtener apoyo.

Y desde esas lecturas y simbologías algunas extraídas de las parábolas Bíblicas debemos aceptar la invitación suprema de Jesucristo a sus discípulos para que ya no pesquemos peces sino hombres. Alegoría que es reiterada en dichas líneas y que algunas personas releen a través de las cinco letras que forman la palabra griega que significa pez, Ichthys y que describen brevemente quién es Jesucristo y la razón de que sea adorado por los creyentes: Iesous Christos Theou Yios Soter, Jesús Cristo hijo de Dios Salvador.

Otras visiones se apoyan en la simbología de la letra Nun, נ, a través de la cual se vislumbra la imagen de ese pez, concepto que para los eruditos nos habla de templanza, perspectiva que nos lleva también a la vida, a la fecundidad en razón de la gran capacidad de reproducción frente al número de huevos que coloca un pez. Ser que vive en el agua, elemento natural y fundamental de nuestra coexistencia, la misma que purifica y nos lava de ese pecado pasado para introducirnos a lo sagrado donde todo cobra un nuevo sentido.

Por lo tanto aceptando la visión de quienes ven estas y otras cosas en dicha imagen, en cada letra o incluso en el concepto de pez como tal, debemos eso sí llenarnos de gracia, belleza y sabiduría, comunicando a través de nuestros diálogos dicha comprensión que va más allá de nuestra actual visión mercantil de vida. Por ello si en Nun vemos lo que está oculto y sumergido en las profundidades o creemos que allí se señala una intimidad que se busca preservar desde las miradas indiscretas, lo trascendente es que nos reconfortemos, sostengamos, reencontremos en esa armonía plagada de intercambios agradables y fructuosos bajo el amparo que como signo de amistad y simpatía nos ofrece Jesucristo.

El Texto de Textos nos revela en Juan 21:6, “Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces”.

Oremos para que como peces vivamos a diario en los ríos de agua viva de Jesucristo.