Día 36 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 18:10, “No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, 11 ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos”.

Se dice que la Biblia ha sido traducida a más de 670 idiomas y a un alto número de dialectos, lo que para algunos Judíos ortodoxos es catastrófico debido a que ellos consideran que en cada traducción se pierde algo del significado. Desde esa mirada se supone que quienes hacen esta labor deben enfocarse en buscar unos textos que se ajusten además a las necesidades de dichos lectores y sus contextos, desapegándose quizá en ocasiones de la versión original hecha en un Hebreo del que incluso hoy ya existen diversas variantes. Quizá por ello los creyentes necesitamos del Espíritu Santo para poder compenetrarnos con esa profundidad.

Y aunque hay palabras que permanecen en el tiempo como amén, אָמֵן, aleluya הַלְלוּיָהּ y Sábado שַׁבָּת, también lo es que incluso el idioma original era otro y que dicen no se llamaba Hebreo, haciendo alusión al término Yehudit, judaíta, del idioma de la tribu de Judá, pueblo pequeño, que poco a poco fue acorralado y desvirtuado. Por lo tanto cada traducción puede significar para algunos algo mientras que para los otros incluso cosas diferentes. Un ejemplo esta en la palabra Sheol, שאול, que viene de la raíz ŠAL, שאל, y que significa preguntar, visión que llevó a algunos creyentes a invocar a los muertos o llamarles a través de brujerías, nigromancia y hechicerías, aun cuando todo ello esta prohibido en la Biblia.

Es por ello que algunos traductores hablan del cielo o del infierno como si fuera ese Sheol, espacio a donde se supone todos iremos después de morir, visionando este como una especie de submundo. Y como en los textos Bíblicos se describe como un lugar desagradable y miserable, quizá debajo de este mundo, algunas traducciones lo relacionan con el purgatorio en donde esperaríamos el juicio, mientras que otras hablan de diversos cielos y de entornos en donde nos espera el mismo Jesucristo para guiarnos de regreso a los brazos de nuestro Padre Celestial.

Insistimos entonces en la necesidad de leer la Biblia con la intersección del Espíritu Santo quien en oración debe ser nuestro traductor. Para permitirnos así releer algunos nombres o palabras y encontrar en ellas ese otro significado original. Como lo puede tener por ejemplo el termino Ivrit, עבְרִית, que proviene de la palabra ivri, עבְרִי y que nos induce a atravesar, si a revisar esos orígenes extranjeros de los israelitas, que vienen del otro lado del río y llegar a la misma vida de Abraham, padre de la fe para con él cruzar el río del pecado y establecernos en la tierra prometida al lado de Jesucristo.

Así que buscando ese cielo para alejarnos del Seol mantengamos nuestras manos dispuestas a servirle al Creador gracias a que al leer cada versículo Bíblico entendemos que allí se nos invita a amar, vinculo perfecto que se debe convertir en nuestro mayor propósito ya que al amarnos los unos a los otros le aportamos a este mundo fluyendo con nuestro Creador al cohabitar como hermanos.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 4:12, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Oremos para que sea el lenguaje del amor el que nos guie como especie.