Día 38 de la Cuenta del Omer

 

El Texto de Textos nos revela en Amos 4:13, “porque he aquí, el que forma los montes, y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; el Creador Jehová de los ejércitos es su nombre”.

Solo el Creador puede crear ya que para ello se requiere de la premisa de inexistencia de algo. Se crea de la nada lo que quiere decir que nosotros los seres humanos a través de la creatividad nos recreamos en lo creado. Creencias que se relacionan a un estado mental que nos lleva a considerar algo como real o verdadero. Bajo esa visión imaginamos un mundo y nuestras vidas gracias a ese sistema de creencias reprogramadas que traducimos como religiones, filosofías, ideologías o modelos de pensamiento.

Creencias a través de las cuales nos relacionamos con quienes así las aceptan y nos diferenciamos con aquellos dispares que por sus credos nos provocan alejamientos, siendo necesario no solo creer en algo o alguien sino creerle a ese ser, a sus preceptos y mandatos para que sus dones y otorgamientos, pasen de ser destellos o revelaciones a darle un sentido y propósito de vida que motive todo lo que recreamos a diario.

Creencias que además nos invitan a asumir que esa Fuerza Superior, en nosotros genera una razón de ser en relación con nuestros próximos con los cuales interactuamos permanentemente. Siendo entonces esa religión como relación no solo una invitación a ver lo santo, sagrado, espiritual o divino, sino a que nuestras prácticas, mitos, ritos y costumbres así como hechos de dicha fe, guiada eso sí por la palabra del Creador nos permita el vislumbrar otro tipo de escenarios que van más allá de esta dimensión material incrédula.

Por ello ese conjunto de creencias o visiones al respecto de un mundo que no reconoce nuestra esencia física y mental fundida en lo espiritual y, que por lo tanto convierte en antivalores lo que debería ser cualidades divinas, para promover con ellas la armonía universal, llevándonos así a dejar todas esas narrativas, símbolos, tradiciones e historias que no están destinadas a darle un verdadero sentido a la vida y menos a explicar lo Creado desde otras miradas que no se sesguen debido a elucubraciones paridas desde nuestras milenarias ignorancias y sus limitaciones.

 

Desde dicha perspectiva el seguir adorando el sol o la luna o los planetas o a las estrellas y no al Creador de estos astros, llenándonos de ídolos hechos con manos humanas es contradictorio, tanto que nos hemos convertido en semidioses con creencias que se recrean en lo que no es coherente y que nos obligan a buscar ya no en la realidad subjetiva de nuestros desconocimientos sino en la Palabra del Creador las respuestas y explicaciones que le den sentido a todo para llenarnos de la trascendencia que nos incite a creernos y sabernos parte de lo creado.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 3:4, “porque toda casa tiene su constructor, pero el constructor de todo es el Creador”.

Oremos para que no solo creamos en Él sino que le creamos a Él.