Día 40 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 31:10, “mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. 11 El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. 12 Le da ella bien y no mal todos los días de su vida”.

El concepto de esposo nos invita literalmente a una promesa, la cual parte del mismo momento en que el Creador decide que no es bueno que el hombre se encuentre solo y por ello le hace una ayuda idónea en la búsqueda de su perfección, proceso de reintegrarnos que se da solo a través del Creador. Es por ello que la mujer tiene como objetivo primordial el unirse al hombre. Encuentro más espiritual que físico, que arroja como resultado el ser uno con el Creador lo que significa que la parte masculina y femenina se integran y funden.

Por ello es solo la mujer la única que puede perpetuar nuestras generaciones y extender el mundo. Siendo ella la base para ello, por lo cual en su rol se incluye el de educar y apoyar sus crías. Incluso se dice que la Creación al recibir o sea al ser creada es femenina, siendo el hombre como tal un elemento auxiliar que existe para ella. Roles que como se han ido cambiando han hecho que ya el mundo no exista en torno a la mujer y que por el contrario esa parte femenina no pueda indicarle al mundo masculino cómo actuar correctamente para su beneficio.

El mundo debe moverse hacia la corrección y ellas al ser el último acto del Creador tienen que con esa mayor divinidad y Luz guiar. Y es que así como el Creador es otorgante o esa luz y quien además representa la acción masculina, nosotros lo creado somos el receptor, el Kli o vasija y representamos la acción femenina. Lo que para algunos estudiosos quiere decir que estamos dentro de una dimensión femenina en donde sin embargo como no se comprende esta verdad, hemos llevado a ellas a verse como inferiores.

Algunos creyentes consideran que cuando el Creador realiza una acción masculina, nosotros, los creados, desde el alma del primer hombre y la primera mujer, recibimos de Él y posteriormente realizamos también una acción femenina o una acción de recepción logrando así esa conexión entre dichas partes en pro de la perfección. División inscrita incluso en nuestros genes y que nos aporta para reintegrarnos a una creación plena de Luz, amor y satisfacción infinita.

Fundamentos que aunque parecen tener medidas distintas son complementarias e indispensables. Lo que les permite además a ellas acceder más fácil que los hombres a esa Luz Interior, y que les promueve por ende un deseo de otorgar siendo más receptoras. No es gratuito que dependamos de mujeres abnegadas, esposas o madres, parejas que nos motivan para no perder ese horizonte en donde gracias a ellas continuamos. Ya que ellas han sido, son y serán las que corrigen el rumbo de los acontecimientos de esta humanidad.

El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 3:11, “de igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo”.

Oremos para que las mujeres no pierdan su rol de ser guías de nuestras sociedades.