Día 41 de la Cuenta del Omer

 

El Texto de Textos nos revela en Génesis 3:15, “y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

El relato de la creación nos presenta la igualdad, compatibilidad y unidad del primer hombre y la primera mujer, ya que ambos provinieron de la misma fuente, ha’adam, y compartieron la misma carne, hecha del mismo suelo, al cual el Creador le dio vida por medio de su aliento. Sin embargo ese modelo de equidad se perdió tanto, que la palabra mujer termina describiendo a seres en desigualdad de condiciones y derechos. Machismo que no solo les ha violentado y agredido sino les ha descontextualizado de su preponderante rol.

Pero con la entrada del pecado parece hasta la mayordomía que le fue entregada a el varón y la hembra sobre los animales se perdió y la jerarquía principal del Creador sobre todo se desdibujo todo producto de nuestra desobediencia. Desde dicha mirada se han confundido no solo las responsabilidades sino también las oportunidades llevando a que algunos varones asuman cualidades femeninas y viceversa.

Desde la gematria Bíblica la palabra ish, hombre o varón y la de hembra o varona, isha, se escriben con las letras Alef y Shin, siendo la letra Yod y la Hey complementarias, por lo que al juntar estar cuatro letras se forma Yahvé termino con que se reconoce al mismo Creador por lo que se cree por quienes estudian estos temas que cuando el hombre y la mujer intiman como pareja se convierten en un solo cuerpo, como Él lo ordeno y en una sola alma para que así se den las condiciones para la presencia del Creador.

Sin embargo y desde su individualidad las mujeres están conectadas permanentemente de la fuente de poder divina y en ellas se reconoce la Luz del Creador siendo ese poder femenino, transformador en nuestras sociedades, eso si cuando se usa este para reparar las relaciones gracias a su amor y guía. Ello hace además que la mujer sea de un modo innato más amable y pacífica, la forma primaria de manifestación del amor.

Postura que nos reitera que la energía femenina es receptora de vida y otorgadora de la misma, razón fundamental para cultivar más su belleza espiritual interior que la exterior, siendo por esas y otras razones ellas fundamentales para acompañar al padre en la formación de los hijos que son parte de dicha esencia. Por lo que esa misión divina no se puede desdibujar con lecturas amañadas al respecto de verlas como sirvientas o hasta víctimas de una humanidad que vive alejada de su Creador y sus preceptos, provocando con ello divisiones que desdicen de la necesidad divina de integrarnos y complementarnos.

El Texto de Textos nos revela en Tito 2:3, “las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra del Creador no sea blasfemada”.

Oremos para que las mujeres no pierdan su exclusivo rol femenino en este mundo.