Día 43 de la Cuenta del Omer

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 40:1, “luego el Creador habló a Moisés, diciendo: En el primer día del mes primero harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo de reunión; y pondrás en él el arca del testimonio, y la cubrirás con el velo”.

Las creencias Judías nos invitan a adorar y alabar al Creador en un tabernáculo, un templo, pero los creyentes debemos resignificar gracias a la misma Biblia este concepto que llevo a los Patriarcas a intuir que Él quería un espacio en donde cohabitar entre su pueblo para expresar allí sus manifestaciones. Conexión que parece perderse en Egipto para recuperarse por Moisés en el Éxodo, y que llevó a dicho pueblo luego del episodio del becerro de oro a construir un Tabernáculo y un arca, en el cual el Creador depositara la ley, Torá que devolviera ese nivel de conexión personal.

Templo que significa casa, Maljut, santuario, santo, Bina o raíz, alma o cuerpo, partes de nuestro ser interior que cual vasijas reciben la Luz del Creador y nos relacionan con lo exterior. Vestiduras físicas que para los creyentes en conjunto conforman nuestro templo espiritual que requiere la reconexión con lo sagrado por ende nosotros construimos en ese espacio a través de nuestra alma, dicha reconexión ya que sin ello no existiríamos. Por ello el creyente ve en su cuerpo un templo que requiere la corrección a través de un proceso en donde esa vestidura necesita limpiarse gracias a la adoración del Creador conectándonos con Él y corrigiéndonos desde nuestro interior.

Así que nuestro cuerpo o tabernáculo como creyentes es ese espacio sagrado en donde el Creador vuelve a morar con su pueblo, es nuestro hogar, y aunque a diferencia de aquel que cuenta con espacios sumamente detallados, con tareas y metas claramente definidas en pro del servicio divino, nosotros tenemos claro a diferencia del pueblo Judío que Él ya no mora entre nosotros sino en nosotros, sí en nuestro Templo físico que nos permite voluntariamente mantener esa conexión con el Creador sin necesidad de dicho tabernáculo o templo exterior como se llamó a partir de David y Salomón.

Y aunque la búsqueda es y será la de lograr una relación permanente y cercana con Él gracias al vinculo del amor que el mismo Jesucristo nos enseño, no por ello podemos renegar de una ciudad y de un dia, Yom Yerushalayim, en donde se honra a un templo que espera ser reconstruido por tercera vez y así orar ya no en ese muro de los lamentos sino entro de él sin embargo los creyentes anhelamos que sea el Espíritu Santo el que more en nosotros para que el mismo Creador guie nuestras coexistencias.

Cada creencia por ende entenderá la necesidad o no de un templo, de tabernáculos, de imágenes o de espacios de encuentro con el Creador, esto teniendo como base que lo importante es lograr que esos espacios de oración nos integren más a Él para que incluso nuestros hogares, sirvan para reconectarnos con su gracia y congregarnos para aumentar nuestra Fe guiando nuestras vidas hasta que este nuestro cuerpo venza la muerte y se reencuentre con ese lugar Sagrado en dónde Él nos espera.

El Texto de Textos nos revela en Juan 2:19, “respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”.

Oremos para hacer de nuestro templo físico del Espíritu un espacio sagrado.