Día 46 de la Cuenta del Omer

 

El Texto de Textos nos revela en Isaías 7:14, “por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. 15 Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno”.

Muchas interpretaciones se pueden hacer al respecto de la figura de María como madre de Jesucristo y de su condición no solo de discípula de Él sino de intercesora, su disponibilidad en la Anunciación, la fidelidad hasta el pie de la cruz, su presencia en la vida de la Iglesia ilustrada en el relato de Pentecostés y hasta todo el dogma que sobre su virginalidad se ha tejido los cuales han logrado no solo santificarla sino el acercarla más y más a cientos de creyentes que en diversas partes le adorar como una deidad.

María representa para algunos un símbolo de fe, y aunque se sigue dando el fuerte debate al respecto de si ella ha sido o no admitida dentro del ámbito de la divinidad quizá lo más importante es tener en cuenta esa otra perspectiva que hace que sus devotos se sientan escuchados, amados, animados y hasta curados por ella. Convirtiéndola así de alguna manera en una intermediaria entre nosotros y el mismo Jesucristo.

Labor que sin embargo algunos debaten asegurando que esta es exclusiva del Espíritu Santo, ese que anima nuestros corazones a confiar plenamente en nuestro Creador, lo cual no desdice de la posibilidad de esa vida espiritual que a través de esa presencia del rostro femenino de María se da. Lo importante es que al invocarle a ella no olvidemos que es su hijo terrenal también nuestro Padre Celestial. Que bello que de María aprendamos más sobre su ternura y acogimiento de madre, su discreción, su valentía y fortaleza de mujer, su preocupación por la vida, su capacidad de comprensión, su sensibilidad e incluso su admiración por la bondad.

Con ello no estamos invitando a adorarla ni mucho menos proyectando su imagen como icono o escultura para la idolatría, mas sí reflexionando en la cercanía que a través de sus lecciones de vida podemos tener con un camino espiritual que hizo que ella superara como buena madre entre muchas cosas: la tristeza, la desesperación, el desconsuelo, o el desencanto que por diversas circunstancias vividas pudo atravesar su propio corazón.

Así que María, con su niño en el regazo es imagen de lo que es una madre y aunque con ello no estamos minimizando todo lo que significo para el nacimiento del Creador, si debe quedarnos claro que el rol de ella dentro de la vida de nuestro salvador es el mejor legado que puede tener cualquier familia y que por lo tanto incluso cuando nuestros hijos se salgan de ese rumbo por ella plasmado le recordemos, para con esa luz mantenernos firmes e interceder ante el mismo Creador con su amor por ellos.

 

El Texto de Textos nos revela en Lucas 1:46, “Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; 47 Y mi espíritu se regocija en el Creador mi Salvador. 48 Porque ha mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, 50 Y su misericordia es de generación en generación A los que le temen”.

Oremos por que el mensaje de amor de María toque la realidad de nuestros hogares.