Día 48 de la Cuenta del Omer

 

El Texto de Textos nos revela en Jonás 2:9, “Yo, en cambio, te ofreceré sacrificios y cánticos de gratitud. Cumpliré las promesas que te hice. ¡La salvación viene del Señor!

La palabra sacrificio en su etimología nos invitaba a hacer sagradas las cosas, así ahora se hable de dolor o perdida, quizá porque ya nadie honra la vida o quiere entregar lo mejor de ella en busca de un bienestar. Probablemente a partir de la consumación de nuestro pecado nos llenamos de confusiones que nos llevaron a que el Korbán o nuestros sacrificios se convirtieran en acciones externas que pretenden que otros paguen por nosotros lo que nosotros voluntariamente deberíamos hacer para acercarnos más al Creador como un deseo amoroso de estar con y para Él.

Dicho concepto קֻרְבַּן, que para los estudiosos significa, convergencia, קרבה con el Creador nos invita también a retroalimentarnos y a acercarnos a Él, en busca de ese otorgamiento que en su todo Él representa. Y es que no podemos perder de vista que al ofrecer un sacrificio, uno se eleva, se integra en esa intención directa hacia Él. Por lo que lo interesante de esta visión es que quien ofrece, también recibe, lo que no desdice de la intención altruista que nos obliga a su vez a corregir nuestros deseos insaciables de recibir y convertirlos en otorgamiento para el Creador.

Frente a todas las posibilidades que nos ofrece el acto de sacrificarnos se trata de empezar a enfocar nuestros deseos con nuestras acciones en pro ya no de que un animal sea quemado o muerto como ofrenda de esa carne al Creador, sino que ahora entendemos que el mismo Jesucristo cumplió con ese único sacrifico por nuestros pecados y nos redimió para que por nuestra Fe en Él logremos amarnos y con ello nos aislemos de nuestros deseos de la carne para así poder ascender con Él. Proceso que hace que vayamos desapegándonos de todo aquello que disfrazado de egoísmo nos impedía corregir nuestra visión de vida.

Desde dicha mirada nuestros actuales sacrificios deben estar enfocados en convertir nuestras oraciones en acción de gracias, entendiendo incluso que todo lo recibido nos favorece aun cuando en algunas circunstancias no percibamos la Luz del Creador, quizá porque nuestros propios sesgos se encuentran obstaculizando y restringiendo esta. El propósito de dar gracias, por ende es abrir nuestras mentes y seres para despertar nuestro entendimiento y percibir esos destellos de Luz que guían nuestras coexistencias.

Gracias a esa actitud florecen valores como la gratitud, la fraternidad, el servicio y la disciplina que cogobernarán nuestros deseos para que vayamos abriendo nuestro ser y sus canales perceptivos a esa totalidad que nos expresa a diario el Creador con su Luz y fluir para que a través de ella todo lo que antes descalificamos como sacrificio, se convierta en motivo de agradecimiento con un Padre amoroso que nos guía y nos posibilita pese a nuestros deseos egoístas el reconectarnos con Él una vez lo deseemos.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 9:13, “pero vayan y aprendan lo que significa: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios.” Porque no he venido a llamar a justos sino a pecadores”.

Oremos para que nuestros deseos egoístas no sigan restringiendo nuestras posibilidades de conectarnos a la Luz del Creador.