El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 4:14, “A mí también me mandó Jehová en aquel tiempo que os enseñase los estatutos y juicios, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis a tomar posesión de ella”.

Quienes conmemoran el Shavuot como el evento más importante de la historia judía, saben que la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, significa más que culminar la cuenta del Omer, de siete semanas de largo lo cual comienza después de Pesaj como tiempo de expectación que tuvo dicho pueblo en la experiencia en Sinaí, la oportunidad de nos brindo el Creador de entregarnos su Palabra de forma escrita en dicho libro sagrado.

Versículos que contienen los ideales de monoteísmo, justicia y responsabilidad, que deben guiar nuestras vidas y que van más allá de costumbres morales para convertirse en nuestros propósitos de vida. Por lo tanto dicha celebración de Shavuot, nos denota la importancia  de no dejarnos distraer del foco central de nuestra vida: el integrarnos nuevamente al Creador para lo cual la Torá cuenta con el programa perfecto, ese al que ojala le dediquemos no solo un noche entera releyéndola y estudiándola sino todos nuestros días en busca del camino de la auto perfección.

Cada libro de nuestra Biblia contiene mensajes cotidianos que nos invitan a amar no solo a nuestro Creador, a nuestra vida sino a nuestros próximos, presentándonos para ello ejemplos que como los de Ruth, mujer no judía, sirven de motivación para entender que más que un tema de raza, de creencias o de ritos, nuestras almas deben conectarse con el Espíritu Santo para que el deseo de reencuentro que dicho pueblo espera sea en el Sinaí nos mantenga unidos en la diaria lectura del Texto de Textos.

Existe un enorme muro que no solo nos separa a nosotros de ellos y a todos del Creador debido a que el pecado aun parece cogobernar nuestras coexistencias, pero como aquel pueblo debemos caminar no solo en el Shavuot sino en el diario peregrinaje de nuestras vidas para que a través de su amor podamos volvernos a reunir con Él quizá ya no en la Jerusalén terrenal sino en la celestial.

Al estudiar a fondo la Biblia e intentar colocarla en practica en nuestro día a día estamos floreciendo tal y como el mismo monte renació el día en que se entregó la Torá, lo que nos invita a entender que nuestra cosecha debe dar frutos que honren tanto nuestras coexistencias como al Creador en una diaria expresión de gratitud para con Él por todo lo que nos aporta a diario pero especialmente por su Palabra que guía nuestras cotidianidades.

El Texto de Textos nos revela en Juan 5;39, “escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida”.

Oremos para que cada vez leamos y estudiemos más la Biblia.