El Texto de Textos nos revela en Josué 23:14, “Por mi parte, yo estoy a punto de ir por el camino que todo mortal transita. Ustedes bien saben que ninguna de las buenas promesas del Señor su Dios ha dejado de cumplirse al pie de la letra. Todas se han hecho realidad, pues él no ha faltado a ninguna de ellas”.

 

Una de los momentos por los que todos los seres vivos pasamos es la muerte, de allí que sobre esta se hayan tejido infinidad de costumbres que se observan especialmente en los entierros, ceremonias que para el caso del pueblo Judio se basa en el mitzvá contexto que afirma que las almas de los difuntos evocan piedad divina y requieren de plegarias, lo que se traduce en que los que quedan vivos deben asegurarse de que ese cuerpo tendrá un final digno y acorde.

El gestionar un entierro apropiado de un cadáver requiere desde esa mirada el preocuparnos de los detalles como se hace en algunos escenarios, ello bajo esa creencia que el alma del ser humano viene de arriba y que el Creador sopló en ese cuerpo su Aliento por lo que una vez se cumpla la misión terrenal esta es devuelta al Creador y ese cuerpo al polvo, al que pertenece, lo que hace que en algunas lecturas Bíblicas se interprete que se debe enterrar el cuerpo ya que este pertenece al Creador y es sagrado.

Quienes así visionan lo que significa nuestros seres para nuestro Creador saben que el cuerpo una vez separado del alma por la muerte, debe ser enterrado lo antes posible, ojala el mismo día del fallecimiento pues este debe alcanzar pronto su descanso eterno. Adicionalmente se cree que es un honor que se reserva por tradición a los miembros más respetados de la comunidad el cuidar ese cuerpo ahora inerte en sus últimos instantes antes de ser devuelto a la tierra, ya que ese proceso de despedida que algunos visten de duelo requiere los máximos niveles de decoro, privacidad y respeto.

Algunos estudiosos aseguran que cada persona es responsable por sus acciones especialmente de aquellas que realiza a voluntad y con pleno conocimiento de sus efectos por lo cual cuando esta alma llega al Mundo de la Verdad, no deja el cuerpo de inmediato siendo cualquier partida abrupta demasiado dolorosa. Y es que en medio de esta visión también se cree que el alma acompaña la descomposición gradual del cuerpo, tiempo en que se va a acostumbrando a dejarlo de a poco y aclimatarse a su nueva vivienda divina.

La Shoá hizo que judíos con conciencia juntaran las cenizas de los hornos crematorios de los campos de exterminio y las enterraran apropiadamente con respeto en cementerios judíos en una visión de sanción rabínica. Cremar a los difuntos ha sido un ritual de muchas culturas paganas, por lo que se cree es una violación a prohibiciones de la Torá que aseguran que la destrucción instantánea del cuerpo quita al alma la posibilidad de tener este período de acomodamiento realmente necesario. No olvidemos como creyentes que solo el cuerpo enterrado estará incluido cuando llegue el momento de la resurrección.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 5:12, “por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.

Oremos para que valoremos todo lo que el Creador nos ha dado.