El Texto de Textos nos revela en Proverbios 21:21, El que va tras la justicia y el amor, halla vida, prosperidad y honra”.

Si aceptamos que hacemos parte integral de un todo el cual se encuentra interconectado, es lógico que cada partícula de nuestro cuerpo y de este universo este a la vez sujeto a un orden natural del que voluntariamente nos separamos, generando con ello una especie de caos que nos afecta inicialmente a nosotros y posteriormente a todo lo que nos rodea dentro de esta orbe material de fragmentaciones. Sin embargo cada una de esas interacciones e intercambios incluso con su desinformación, nos comunica algo por lo que los llamados de atención que de allí se proyectan nos incitan a empezar a fluir para reconectarnos.

Bajo esa mirada cada astro, planta, mirada o simplemente idea que nos llegue de improviso puede convertirse en un destello que nos revela algo de esa Luz con respecto a el cómo reorientar nuestras coexistencias. Perspectiva que aunque hace que algunas personas terminen creyendo en todo tipo de alucinaciones tras tendencias esotéricas que no explican realmente esos misterios ocultos, si se pueden convertir en un camino para que a través de la Biblia, la oración y la guía del Espíritu Santo nos reintegremos a nuestro Padre.

Confundidos en mensajes que superan nuestra capacidad consciente dejamos que nuestra personalidad, acompañada de nuestro temperamento, actitudes, emociones y de un programado modelo de vida, guíen nuestras coexistencias, mientras suponemos estar enfrentando situaciones que consideramos relevantes cuando simplemente estamos distrayéndonos en aspectos que poco o nada tienen que ver con nuestra trascendencia.

Nuestra misma apariencia física parece no ser más que un disfraz plagado de adornos que solo nos proyecta hábitos que cual manías nos confrontan desestabilizando nuestra salud y vitalidad. Lo que ha hecho que parezca más fácil creer por ejemplo en el zodiaco que en aquellos destellos divinos que quieren guiarnos. Quienes piensan por ejemplo que Aries simboliza el yo profundo, ese ser que somos desde nuestra más intima y pura esencia y que se enriquece no solo gracias a nuestras uniones y asociaciones sino sobre todo a los preconceptos que tengamos al respecto de nosotros mismos, esos que alteran nuestra estima y que nos generan motivaciones para cada día, pueden seguirlo haciendo.

Sin embargo nuestras propias comunicaciones se componen de mensajes que van encadenados a lo que decimos, pero a la vez a metamensajes que llevan impresa la misma Palabra del Creador, la cual aunque parece distorsionar nuestras costumbres realmente se debe convertir en esa fuente inagotable para que los malos entendidos fenezcan y aprendamos a comunicarnos mejor percibiendo en esencia lo que somos: hijos del Creador, parte integral de su obra, lo cual se nos expresa en todo lo que nos rodea.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 5:5, “Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos”.

Oremos para que nuestros mensajes internos seas acordes a los metamensajes del Creador.