Se dice que el auto control implica no tanto el manejar nuestro ser conscientemente como sí el evitar que tantas inconciencias nos generen efectos dañinos.

Una perla cotidiana nos recuerda que “el día que plantamos la semilla no es el mismo que cuando comemos del fruto, así que hay que ser pacientes.

Cuentan que el autocontrol es fuerza y la calma es maestría, por lo que ambas virtudes nos llevan a un punto en donde nuestro estado de ánimo no cambia en función de las acciones insignificantes de otras personas.

El Texto de Textos nos revela en II de Juan 1:8, “Cuídense de no echar a perder el fruto de nuestro trabajo; procuren más bien recibir la recompensa completa”.

Valoremos nuestras COTIDIANIDADES… ¡Transformándonos!