El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 26:2, “Hijo de hombre, por cuanto dijo Tiro contra Jerusalén: Ea, bien; quebrantada está la que era puerta de las naciones; a mí se volvió; yo seré llena, y ella desierta; por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh Tiro, y haré subir contra ti muchas naciones, como el mar hace subir sus olas.”

Parece que nos cuesta entender las mentiras que hemos construido históricamente y a las que llamamos conocimientos. Probablemente por ello algunos versículos de la Biblia los traducimos como parábolas en donde nos permitimos colocar nuestras interpretaciones y sesgos para que esa historia terrenal que expone un principio espiritual o misterio no nos aporte la lección celestial que cada letra contiene. Enseñanza que además descalificamos como relativas desde nuestro enfoque moral que se aleja en ocasiones de sus preceptos.

Desde esa mirada hay quienes hablan de las revelaciones que podemos extraer del Texto de Textos y para las cuales necesitamos del Espíritu Santo, quien nos relaciona con dicha lección para acercarnos a través de ella voluntariamente a nuestro Creador. Nuestras interpretaciones paridas de nuestras ignorancias pecaminosas que nos desconectaron de Él y alimentadas por nuestros desconocimientos milenarios producto de especulaciones de un lenguaje limitado que intenta explicar lo ilimitado, nos han llevado a obviar que incluso nuestro ADN contiene los cimientos y principios de nuestra esencia.

Las parábolas de Jesucristo son claras para denotarnos la necesidad de orar, de servir, de amar a nuestros próximos sin embargo y pese a que nos dejó demarcado el camino de la Salvación: la Fe, preferimos reinterpretar la Palabra de nuestro Creador y aun suponiéndonos discípulos justificarnos con engaños que incluso riñen con los sentimientos de nuestro corazón, aprovechándonos de alguna manera de la misericordia y gracia de nuestro Creador que nos sigue otorgando oportunidades para desencriptar el pecado que hoy nos continua desinformando cuando deberíamos beber de su fuente de sabiduría.

Y es que mientras sigamos confundidos por el pecado y nos esclavicemos a Él nos seguiremos resistiendo a ser iluminados por la Palabra de nuestro Creador y por lo tanto el orgullo, los prejuicios y la arrogancia, seguirán contaminando nuestros corazones al punto que nuestras relaciones permanecerán siendo agrestes y complejas. Es el momento que el Espíritu Santo nos ayude a ir encontrando en la Biblia las explicaciones a principios que en ocasiones desvirtuamos al salirnos del contexto. Es tiempo de entregar nuestra voluntad a Él para integrarnos nuevamente a la vida que originalmente preparó para nosotros.

Es así como al leer con Fe la Palabra logramos que ella ilumine nuestras vidas aislándonos de esas interpretaciones sesgadas que aunque algunos las predican como ajustadas pero a sus intereses, solo nos demuestran que los contextos parecen similares más no lo son, por lo cual el crecimiento progresivo que allí se proyecta llega al Nuevo Testamento para denotarnos cambios no solo en cuanto a ritos sino la necesidad que amemos de corazón, sirvamos y nos sacrifiquemos por nuestros próximos para que siguiendo los pasos de Jesucristo nos transformemos y aceptemos la resurrección que nos rescato del pecado.

El Texto de Textos nos revela en Marcos 4:2, “y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina”.

Oremos para que nuestra fe nos guie en la diaria lectura de la Biblia.