El Texto de Textos nos revela en Isaías 26:19, “tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. !!Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos”.

Hay quienes creen en la reencarnación más los cristianos aceptamos la resurrección, que implica resurgir y volver a la vida gracias al perdón del Creador. Razón de peso por la cual Jesucristo vino a este mundo, murió y resucitó al tercer día, denotándonos que aunque tendremos el mismo cuerpo, este ya no será físico terrenal, sino como el de Él resucitados será divino sin envoltorio material lo cual sucederá al final de los tiempos.

Quienes por su parte nos hablan de la reencarnación nos dicen que encarnaremos materialmente nuevamente en otro cuerpo, doctrina que sin embargo no posee ninguna base bíblica. Quienes aceptan dicha creencia afirman que el alma del fallecido asumirá un nuevo cuerpo para fines de purificación, es decir, las sucesivas reencarnaciones de esta le hacen alcanzar la perfección y al final de este largo proceso, corrigiendo sus culpas y pecados cometidos en las reencarnaciones anteriores, trascenderá.

Perspectiva que hace que algunos Judíos consideren que nuestra vida como la de Abraham debe ser de ciento veinte años por lo cual quien no alcance ese limite deberá volver a este plano para cumplir con su proceso de perfección, visión que aunque podría entenderse como una reencarnación tiene también diferencias de fondo, siendo lo único verdadero para todos que contamos con un alma humana que es eterna. Lo que no quiere decir que podemos encarnarnos en animales o hasta vegetales pero quizá si que hacemos parte integral de un todo que espera nuestra perfección integrándonos a Él.

Quienes atendemos los preceptos del Nuevo Testamento entendemos plenamente que Jesucristo murió por nuestros pecados, venció a la muerte y, con ello nos garantizó la vida eterna, por lo que la resurrección significa que Él cómo redentor, es el único camino posible para encontrar esa reconexión divina y salvación perpetua, la cual no se puede lograr por nuestros propios méritos. Por lo tanto, Jesucristo es la razón de ser de nuestra Fe y su guía a través del Espíritu Santo nos permite retornar a nuestro estado original.

Desde esa perspectiva es que la Biblia nos reitera que los justos heredaremos el Reino de los Cielos, lo que implica de alguna forma el vivir a cada momento con esa esperanza e intentar que más seres humanos logren comprender este mensaje celestial que nos lleva a confiar plenamente en Él, entendiendo por lo tanto, que este tiempo terrenal corto no es más que una transición de nuestra verdadera realidad celestial.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 20:12, “y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante el Creador; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras”.

Oremos para comprender lo que significa realmente Jesús y su resurrección.