El Texto de Textos nos revela en Proverbios 8:35, “Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor del Creador”.

A diario tenemos que desplazarnos de un lugar a otro y en algunas ocasiones la incertidumbre del peligro nos acecha, por lo cual debemos en esos espacios apegarnos a la oración y pedir la guía del Espíritu Santo quien acompañará nuestros pasos, lo que no quiere decir que no se nos presentarán inconvenientes, algunos de los cuales son necesarios para fortalecer nuestra fe dentro de dichas pruebas. Vale la pena entonces que no olvidemos que si nuestra confianza esta en Él incluso ocurrirán milagros inesperados.

Tengamos claro que el secreto de la resistencia del pueblo judío durante milenios de migración y persecución, fue el mantenerse cerca de la Palabra del Creador la cual implica un pacto con Él. De allí que se dice que es su pueblo elegido hecho a su medida sin importar incluso si les ha tocado migrar de la misma tierra que en esas sagradas escrituras Él les dio. Cuando leemos en el Libro de Génesis acerca del patriarca Abram, ha-ivri, הָעבָרי, o El Hebreo, ello significa: el que cruza, refiriéndose no solo a la migración que hizo Él o el pueblo para establecerse al lado del río Jordán y en la tierra de Canaán, la prometida sino para que nosotros los creyentes crucemos hacia la eternidad.

Cientos de versículos hablan del paso de un lugar a otro, de transitar por el desierto, lo que no solo fue la historia de un pueblo sino que tiene que ver por nuestro transito de nuestra esclavitud corporal a la libertad de nuestra tierra prometida celestial, a la cual solo llegaremos si nos atrevemos a dar el paso de fe y cruzar ese mar o rio plagado de incertidumbres y temores que nos llevan a pensar que no podremos lograrlo para lo cual necesitamos clamar a nuestro Padre y a su Espíritu Santo para que nos guie.

El concepto hebreo, Adonai ori v’ishi mimi ira, יְהוָה אוֹרִי וְיִשְׁעִימִמִּי אִירָא presenta no solo una sonoridad y similitud poética, ori – mi luz, sino que nos invita a temerle al Creador más no tener temor del Creador, revelándonos un mensaje especial para comprender que es la luz del Creador la que anula el temor que regularmente tenemos los seres humanos. Lo que quiere decir que al temerle, le respetamos y valoramos y reconocemos la necesidad de su guía sin la cual nos es imposible cruzar incluso confiadamente de nuestra oscuridad a los espacios en donde podemos encontrar de su luz.

Aprendiendo de la historia del pueblo Judío que por más de seis mil años ha tenido que desplazarse siendo sacado de su propia tierra prometida, no perdamos de vista que en cada lugar en que nos encontramos contamos con la Palabra de nuestro Creador, su Luz y guía y en el caso de los creyentes con su Espíritu Santo que nos aísla de esos miedos que nos llenan de dudas e incertidumbres. Así que con ellos y como dicho pueblo nunca debemos obviar la Palabra de nuestro Padre y Rey.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 2:17, “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad del Creador permanece para siempre”.

Oremos para que el Espíritu Santo nos guie para cruzar hacia nuestra tierra celestial.