El Texto de Textos nos revela en Génesis 25:1, “Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura, la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán; e hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim. E hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos de Cetura. Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental”.

Nuestra genealogía es más que una historia familiar y aunque ella habla de nuestra descendencia también nos recuerda que hacemos parte de una información que siendo divina nosotros confundimos con desinformación física o hasta mental. Quizá por ello desde el pecado de nuestros progenitores originales Adán y Eva nuestros patriarcas especialmente Abraham han tratado de reorientarnos, de allí que si somos estirpe tanto de Isaac que engendro a Jacob como de Judá y sus hermanos, debemos sabernos cercanos a Ismael parido por Agar quien con los seis hijos de Cetura: Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa, conforman esta gran familia mundial que hoy se divide en razas y castas, dones, sociedades y estirpes, obviando nuestras raíces únicas.

La cronología de la Biblia nos habla de Juda, Tamar, Fares y Zara, de quien proceden Esrom y Aram siendo este quien engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, del cual nacio Salmón quien engendró a Rahab y a Booz, quien con Rut tuvieron a Obed, para que de este ser naciese Isaí hasta llegar a Heli quien es mencionado en el Evangelio de Lucas como el abuelo de Jesucristo padre de San José, hijo de Matat. Cronología que nos permite gracias al mismo Texto de Textos determinar el orden y las fechas de dicho sucesos históricos y sabernos parte de ellos.

Pero más allá de la invitación a revisar nuestro árbol genealógico en donde probablemente no llegamos siquiera a la tercera generación o sea a nuestros tatarabuelos, el ideal es saber que hacemos parte de una historia que con su información forma parte esencial de nuestra vida por lo cual no es un tema solo genético, de costumbres o de un lenguaje que nos proyecta a una realidad de la que hacemos parte desde mucho antes de estar vinculados a este aquí y ahora en el que nos encontramos para reconectarnos con nuestro Creador.

Es importante entonces que atendiendo o no esa genealogía nos permitamos comprendernos más allá de este tiempo inmediato y por lo tanto, asumamos los cambios que se requieren para dejar atrás una serie de informaciones, pensamientos, palabras y comportamientos que haciendo parte de nuestra historia ya no son necesarios, especialmente porque gracias a nuevos descubrimientos y conocimientos Bíblicos estamos reconociendo que no son útiles para nuestros seres y nuestro crecimiento integral.

La vida nos invita a diario a sanar a renovarnos pero sobre todo a colocar nuestras percepciones hacia el Creador enfocándonos en sus preceptos y mandatos y aunque parece que nuestros ancestros se desviaron de ese horizonte, ello nos debe dar más que razones de peso para mantenernos en el legado de nuestro patriarca Abraham, padre de la fe que fue el primero que comprendió que no existe mayor propósito en este mundo que el de entregar nuestra voluntad al Creador y seguirle.

El Texto de Textos nos revela en Juan 8:56, “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”.

Oremos para mantenernos en la Fe de nuestro patriarca Abraham.