El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 8:30, “Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona”.

La mejor forma de acercarnos al Creador es a través de la oración y aunque contamos con el Padre Nuestro como modelo para guiar nuestras diarias reflexiones, también tenemos en los salmos una fuente, por lo que más allá de verlos como himnos o cantos de alabanza estos nos deben servir de guía para inducirnos a estar cada vez más cerca del Creador y para entender la mejor forma para que incluso nuestras plegarias sean atendidas.

Así que los salmos son cantos, alabanzas y aunque algunos contienen elementos complejos de entender en nuestro contexto, todos, son una especie de canción, shir y unos además contienen una especie de pasos, HaMa’alot שִׁיר הַמַּעֲלוֹת, no solo como referencia a esa monumental escalera que conducía desde el patio hasta el santuario más sagrado del Templo sino como otra forma de acercamos al Creador desde nuestro templo corporal como creyentes, convirtiendo estos con su música sagrada que en otrora acompañaba los sacrificios realizados por los sacerdotes en el altar en otra forma de reconocer y limpiarnos de nuestros pecados.

Los salmos como un camino hacia arriba también nos invitan a percibirnos como peregrinos en este viaje por la tierra el cual nos denota que a medida que nos acercamos más al Creador como los ancestros judíos a la ciudad de Jerusalén debemos alegrarnos convirtiendo estos en himnos de alabanza y victoria.  No es gratuito que la Biblia contenga dicho libro de alabanza. Más desde otra mirada este texto también nos invita a tener en cuenta a seres como Ana, madre del profeta Samuel, quien con sus emotivas oraciones de agradecimiento nos da otra muestra de la importancia de alabar a nuestro Padre Celestial.

Mujer que por años, se sintió avergonzada porque era incapaz de concebir hijos, pero luego de un tiempo muy largo de reflexión y espera, ella finalmente quedo embarazada y exclamó, llena de alegría: “Mi corazón se regocija en ti, Señor, Tú levantas del polvo al pobre”. Contexto que en hebreo, hitpalel, התפלל, nos habla desde la raíz PLL פלל, que significa juzgar, pero que a través de las otras letras contiene el prefijo reflexivo hit, lo cual nos indica que “hay que hacer algo hacia uno mismo” o sea que la alabanza y oración siempre deben empezar por observar nuestros estados internos, para con ellos evaluar sinceramente nuestras reflexiones y así cada uno sea en última instancia, su propio juez.

Concepto hebreo que nos reitera que solo después de estar uno mismo bien y en paz con el Creador es que puede comenzar a elevar peticiones, por ello la oración de Ana y sus efectos trascendentales. No obviemos entonces que  cuando el mismo Salomón terminó de construir el Templo, oró al Padre amoroso para agradecerle y que Jonás cuando estuvo en el vientre del gran pez, oró al Creador por su liberación arrepintiéndose de sus actos, lo cual nos invita no solo a orar reconociendo nuestros pecados sino a alabar al Creador permanentemente, por todo y por todos.

El Texto de Textos nos revela en Santiago 5:16, “la oración del justo es poderosa y eficaz”.

Oremos y alabemos permanentemente a nuestro Creador.