El Texto de Textos nos revela en Génesis 18:2, “Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos”.

La Biblia nos presenta a través de las vidas de cientos de seres humanos con características similares a las nuestras bellas analogías. Uno de los ejemplos más sorprendentes de la fe bíblica, aparece en la historia de Daniel y sus tres compañeros: Sadrac, Mesac y Abednego, quienes originalmente, eran conocidos como Ananías, Misael y Azarías. Sin embargo a estos les dieron estos tres nombres hebreos con palabras sagradas que hacen referencia al único Creador: Elohim o Yahvé. Daniel דָנִיֵּאל, Él ha juzgado, dan, Hananiah חֲנַנְיָה, el Señor, yah, ha sido bondadoso, hanan, Mishael מִישָׁאֵל, ¿Quién es como misha, Él?, Azariah עֲזַרְיָה, el Señor, yah, ha ayudado, azar.

Estos tres valientes que rechazaron audazmente la idolatría y que aunque fueron arrojados a un horno ardiente, sobrevivieron milagrosamente, gracias a su profunda fe, nos denotan el cómo buscar estar en paz con el Creador y su obra. Fe que además nos invita a fortalecernos como hermanos. De allí que los estudiosos de la gematría le den también al número 3 una enorme importancia, aduciendo que este es uno de los más sagrados. La palabra shalosh, שָׁלֹשׁ, por ejemplo dentro de esta simetría, esta compuesta por dos shin ש, de 3 puntas que rodean al alto lamed para proyectarnos ese carácter firme, y de fortaleza.

No es gratuito entonces que los creyentes hablemos de la trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo. Visión que nos incita a confiar plenamente en la guía de nuestro Creador entre mezclándonos, arevut, ya que así debemos funcionar como sociedad y vernos a nosotros mismos vinculados con quienes nos rodean. Concepto Bíblico, arevut, que se demuestra en esas historias en donde mientras los hijos de Israel avanzaban por el desierto, tres de las doce tribus tomaron la difícil decisión de establecerse a las afueras de la Tierra Prometida: Rubén, Gad y media tribu de Manasés, para concluir que el mejor territorio para el pastoreo era el ubicado al oriente del Jordán.

Y es que aunque, en un punto su decisión se podría leer como egoísta, en realidad, las tres tribus no estaban abandonando a sus hermanos. Ellas se establecerían en Canaán, manteniendo un pacto de lealtad hasta hoy con sus próximos. Por ello entre más responsables seamos con nuestro prójimo, más fuerte será el pueblo y más nos beneficiaremos todos. De allí que ese número tres, que forma la palabra shalosh, nos invite a lograr un equilibrio en medio del caos mundano y desde dicha mirada comprender las diversas historias Bíblicas que como las de los tres patriarcas: Abrahán, su nieto Jacob e Isaac el intermedio, que debemos mantenernos unidos en nuestra Fe.

Se cree que ese poder de unión y del 3 le dio a Isaac la templanza para ser un punto de equilibrio, y poder estar junto a su padre, así como junto a su hijo. Desde los 3 ángeles que visitaron a Abrahán, hasta los 3 seres de la santísima trinidad, en cada caso, el uso del 3 confirma una estructura que le infunde a nuestra historia un toque de espiritualidad eterna gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y que debe fortalecernos más y más a diario para que leamos la Biblia y nos congreguemos.

El Texto de Textos nos revela en Juan 3:34, “Porque aquel a quien el Creador ha enviado habla las palabras del Creador, pues El da el Espíritu sin medida”.

Oremos para que la trinidad guie nuestras vidas.