El Texto de Textos nos revela en Isaías 13:10, “por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor.11 Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes”.

Los astrónomos e incluso los astrólogos estudian las constelaciones y lo que ellas nos dicen como grupos de estrellas que para ellos forman imágenes de personas, amínales u objetos, lo cual ha desembocado que nuestra imaginación le de a sus movimientos y destellos visiones de vida con características mitológicas que disfrazadas de creencias nos aseguran que venimos de ese polvo el mismo que esta en la tierra y que al hacer parte integral de nosotros influencia con sus energías nuestras relaciones e interacciones.

Tras esa perspectiva se especula con fechas, números, futuro y suerte que nos llevan a creer que estas estrellas en su constelación por ejemplo la de géminis,  formada por un rectángulo alargado que en su esquina noreste, señala a sus dos estrellas “gemelas” más brillantes, Cástor y Pólux, que nos hablan de la importancia de consolidar una conciencia concreta, en donde quienes nacen en la influencia de estos astros se ocupen más de sus pares, del ambiente que les rodea y lógicamente de sus relaciones.

Desde la mitología griega, se habla de esta simbología aunque allí estos dos seres nacieron de un huevo que puso Leda, la reina de Esparta, después de haber copulado con el dios Zeus convertido en cisne. Cástor, el mortal, era hijo del rey Tíndaro; el inmortal Polideuco era hijo de Zeus, más fue la cultura Romana que aun influencia a occidente la que programo en nuestros inconscientes estas ideas para que hasta el aire que traspiramos y por supuesto nuestro calendario nos insinuara de la diosa Juno protectora de las mujeres romanas, o de Atenea griega, quien a diferencia de la primera era guerrera, lo que a quienes en ella creen es una invitación a intentar comunicarnos armónicamente.

Todas nuestras relaciones se inscriben dentro del campo de las comunicaciones, es cierto, por lo que desde nuestros primeros años estamos llamados a la adquisición de habilidades motrices y de lenguaje que van desarrollando nuestros ambientes primarios, esos que nos llenan de experiencias y aprendizajes. Lo que llevado a la Biblia implica atender más la Palabra del Creador que desde las mismas constelaciones nos demuestra su existencia.

Así que quizá deberíamos mirar un poco menos las estrellas y más esas constelaciones familiares y todas las relaciones que a través de ellas se entretejen para así lograr nuevos y mejores acuerdos con ellas, vinculándonos inicialmente a través del diario dialogo que nos sirve de primer insumo para aminorar nuestras conflictivas interacciones las cuales gracias al amor divino no deben afectar nuestras emociones sino armonizar nuestras coexistencias para así vivir en armonía como lo denota el mismo universo y sus galaxias.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 7:41, “entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron.42 Y el Creador se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? 43 Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Renfán, figuras que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia”.

Oremos para que nuestras constelaciones familiares reflejen la luz de nuestro Creador.