El Texto de Textos nos revela en Ezequiel 47:12, “Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina”.

La llegada del invierno en algunos territorios trae consigo la vendimia o caída de las hojas, en el caso del sarmiento este debe ser sometido a una poda que elimina debidamente aquellos pámpanos de esta temporada y deja el árbol listo para los de la nueva cosecha. Poda que implica ante todo un crecimiento para mejorar la próxima producción de uvas, lo que se logra buscando la pulpa que contiene los principales componentes del mosto.

Finalizando el invierno llega el mes de Siván que tiene curiosamente como símbolo a los mellizos, los cuales representan a Moisés y a Aron que para algunos estudiosos eran como una sola persona. No es coincidencia que a través de ellos se halla recibió la Torá. Desde esa mirada celebran en ese mes la fiesta de las semanas, tiempo después del Pesaj que indica la salida de Egipto.

Y aunque son diferentes las épocas hay festividades como el Hatzeret que no solo celebran la diáspora Judía o el Katzir en donde se cortan los últimos trigos del año y se hace una ofrenda o el Bicurim en donde se ofrendan los primeros frutos de las siete especies de Israel: trigo, cebada, viñas, higueras, granados, miel, y olivares, que nos invitan en sus contextos a percibirnos como viñedos. Pámpanos que con sus analogías nos llaman a extraer nuevas reflexiones al respecto de entender como desde la Torá se nos dan mensajes cotidianos para agradecer por todo y por todos a nuestro Creador.

Somos de alguna manera esa vid que como arbusto esta constituido por raíces, tronco, sarmientos, hojas, flores y fruto. Por lo tanto como ramificaciones dependemos del Creador en el cual se encuentran nuestras raíces. Él sustenta toda la planta y nos da el alimento para crecer. Desde esa lógica natural todo implica la absorción de aquellos nutrientes espirituales necesarias que retroalimentadas desde el tronco que es Jesucristo y la savia del Espíritu Santo sirven no solo de vehículo de transmisión de su esencia que es ese amor que debe circular y dar frutos.

La palabra pámpano o sarmiento nos recuerda que estos tienen consistencia siempre y cuando estén retroalimentándose de esa fuente de vida, por lo que esa misma analogía nos sirve para comprender que en el verano, cuando se comienza dicho sarmiento a sufrir un conjunto de transformaciones, necesitamos de su perennidad y alimento, el cual se convierte en frutos de fe que además de reserva nos da la fortaleza para que al ser podados brote lo mejor de nosotros.

El Texto de Textos nos revela en Santiago 3:13, “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre”

Oremos para que nuestros frutos sean coherente a las raíces que tenemos arraigas en el Creador.