El Texto de Textos nos revela en Nehemías 9:6, “Tú solo eres el Creador; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran”.

Hay diferentes formas de orar y aunque algunos creyentes consideran que el término griego metanoia parido de las prácticas hesicastas y las corrientes filocálicas nos invita a rezar de rodillas, en un profundo estado de piedad y humildad, de paz y reconciliación con el Creador, ello no quiere decir que ese privilegio de sentirnos cerca de Él no se pueda lograr caminando en la calle. Eso sí siempre y cuando denotemos piedad de corazón y acciones cotidianas virtuosas que denoten consecuencia con dichas oraciones.

Rezar, orar, meditar o dialogar con nuestro Creador implica de alguna forma un encuentro personal y permanente con ese Ser Superior y aunque hay quienes lo perciben como un rito lo cierto es que para ello solo se requiere una motivación personal que debe convertirse en un compromiso constante que hace que intentemos no solo hablar con Él sino de Él a través de nuestras relaciones. Así que es más cuestión de fe que de ritos.

Desde dicha perspectiva vale la pena hacer referencia a términos como Berajot o Berajá en singular, de la palabra Baruj, que puede traducir bendición debido a que al asociarlo a la etimología de la palabra berek o rodilla, invita a quienes así lo quieren entender a hacerle reverencia al único que la merece y a dirigirle nuestra voz interior a Él con alabanzas en señal de gratitud reconociendo así su grandeza, belleza, bondad y majestuosidad.

Los Judíos llaman a su rezo tefilá debido a que sus vidas tienen una relación continua e inalienable con el Creador y bajo esa mirada le hablan a Él conscientemente teniendo como guía preceptos Bíblicos, especialmente los Salmos que para dicho pueblo son fuente de plegarias. Así es como rezan de rodillas pero también de pie, oscilando su ser, intentando que todo su cuerpo y cada célula alabe al Creador. Eso sí siempre ubicando su rostro en dirección a Jerusalén y su templo sin importar en que lugar del mundo se encuentren.

Finalmente otras creencias y religiones prefieren honrar al Creador colocando su pecho sobre sus muslos, estirando sus brazos y manos hacia el suelo y su frente sobre el piso en algunos casos sobre almohadas muy pequeñas, haciendo una reverencia que denota plena humildad para con el Creador. Lo que nos denota sea cual fuere el credo, que podemos agradecerle a cada instante al Creador por todas las bendiciones que significa vivir haciendo nuestras peticiones personales con humildad y confianza.

El Texto de Textos nos revela en Colosenses 1:9, “por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual”.

 

Oremos y alabemos constantemente al Creador.