El Texto de Textos nos revela en Jeremías 17:14: “Sáname, oh SEÑOR, y seré sanado; sálvame y seré salvo, porque TÚ eres mi Alabanza.”

Todo procede de la Palabra del Creador y de allí que al orar debemos usar esas Palabras para alabarle, quizá por ello Jesucristo les recordó a los Judíos de su época que tal como lo expresó Jeremías siglos atrás convirtieron la casa de oración y encuentro en una cueva de ladrones, fruto de prácticas comerciales inmorales que desdicen del lugar sagrado. Todos los profetas nos recuerdan la Palabra del Creador y de cómo siendo pecadores debemos acogernos a su guía. Por ello Jeremías, Yirmiahu יִרְמְיָהוּ que significa el Señor, yahu, levanta, yarim, invitaba con su tono a entender que no estábamos condenados sino que podríamos ser consolados.

El Creador no nos ha rechazado y por el contrario esta presto a restaurarnos pero nuestras palabras desdicen de ese nuevo pacto que Él quiere consolidar con nosotros siendo Jesucristo el que nos da nuevas palabras fraternales y serviciales para ello. Desde esa mirada cada una de nuestras actividades diarias debe aportarnos en ese propósito y cada una de nuestras expresiones deben servirnos de insumos para cumplir dicho propósito. A cada instante el Creador esta allí anhelando que nosotros nos integremos a Él pero en muchas ocasiones no hacemos nada para ello.

Nuestras palabras fueron creadas por el Creador para que nos recreáramos en ellas sin embargo nuestro lenguaje producto del pecado se hizo limitado a dicha realidad y nuestros imaginarios finitos a lo que logran capturar nuestros sentidos por lo que si nos proponemos visionar nuestras vidas desde su palabra todo cobrará mayor sentido. Cada palabra por insignificante que nos parezca puede cobrar un nuevo sentido si nos proponemos estar acorde a esa visión celestial de integrarnos desde nuestras palabras, pensamientos y acciones para con Él.

Incluso una celebración de onomástico en donde degustamos de un pastel nos indicaría que el concepto de placentero viene de placenta y que por ello ese ritual de festejo para conmemorar nuestro nacimiento nos invita a recordar que venimos de una placenta, lugar sagrado que nos albergó fruto de una memoria ancestral que se integró para darnos vida desde las células de nuestros padres. Bella visión que como muchas solo nos recuerda que cada acto, palabra, acción u omisión debe cumplir con ese propósito.

La misma etimología desde los diferentes lenguajes en que hemos confundido nuestros dias nos puede ayudar a comprender que cualquier palabra venga del latín o del griego πλακοῦς que nos habla más que de un pastel, de algo redondo o de algo plano, de la vida, esa que Él nos otorgó y de la cual parece nos olvidamos por seguir dejando que nuestras palabras e imaginarios se recreen en imaginarios que roban hasta nuestra tranquilidad y que como mercancías nos consumen cuando en cada entorno Él mismo nos entregó los insumos para vivir conforme a su Palabra. Desde esa perspectiva cada queja nuestra denota desconfianza, duda y que estamos desconectados totalmente de nuestro Padre Celestial.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 1:22, “Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Creador incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”.

Oremos para que la Palabra del Creador sea la que nos guie.