El Texto de Textos nos revela en Isaías 26:3, “tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”.

Se sabe que desde antes de nuestro nacimiento nuestro sistema nervioso recibe informaciones que le quitan la paz, las cuales además se multiplican desde el momento del parto, bajo esa mirada quienes hablan de paternidad consciente intentan educar a las nuevas generaciones para que todas esas inconciencias históricas que llevan a que tengamos que ser castigados para obedecer y entender nuestros limites, se trasformen. Para lo cual incluso se propone el nacimiento en el agua y a oscuras en donde esos cambios drásticos no nos afecten tanto producto de salir del vientre de una madre, al frio e incomodo mundo, lo que a la vez nos propone el alejarnos de la dimensión de los sufrimientos para  iniciar un proceso personal de mejoramiento y corrección.

Los místicos consideran que recibimos el deseo de nacer desde el Mundo Superior, por lo que esa semilla del semen espiritual, luego de unirse al punto perfecto del ovulo da vida a un corazón para que el embrión del alma empiece su proceso de gestación en ese cuerpo materno, con lo cual se da inicio a una coexistencia plagada de una buena serie de interacciones e interrelaciones que deben proporcionarnos movilidad en nuestra voluntad para que a través de ella busquemos la armonía interior y así lograr conscientemente un ambiente propicio para nuestro crecimiento integral.

Lo que implica que ese desarrollo obligatorio integral requiere de nuestra plena voluntad para irnos formando ya no solo con los conocimientos, impresiones o ejemplos de conducta de nuestros ancestros y cuidadores sino gracias a una conciencia divina que esta inscrita incluso en nuestro ADN y la cual nos dicta el cómo integrarnos al Creador del cual nos separamos fruto del pecado. Lo que implica que nuestro desarrollo espiritual necesita que tomemos independientemente la decisión de crecer armónicamente y así vayamos aprendiendo a decidir con la guía del Espíritu Santo y la Biblia si deseamos trascender.

La escuela de la vida nos incita a utilizar cada vez con más conciencia nuestro libre albedrío para entender y darnos cuenta de lo que hacemos y hacia dónde queremos dirigimos en este camino eterno, siendo esa visión trascendente necesaria para que esa paz o armonía que tanto anhelamos vaya unida a un desarrollo integral que requerimos para activar el verdadero deseo de reintegrarnos a la Creación, el cual confundimos con deseos físicos.

La verdadera paz espiritual nos aleja de esa dimensión material en donde solo somos esclavos de dichos deseos físicos y nos permite convivir con nuestros próximos de forma armónica entendiendo que los conflictos desde dicha perspectiva solo son llamados de atención para corregir el rumbo, ese en donde todo debe retroalimentarnos sanamente ya que el mundo de los deseos físicos solo nos genera insatisfacciones y aleja del Creador.

El Texto de Textos nos revela en Gálatas 2:20, “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí”.

Oremos para que en familia deseemos a diario el ser parte integral del Creador.