El Texto de Textos nos revela en Isaías 9:6, “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Creador Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

Desde las primeras horas del día deberíamos abrir nuestros parpados para saludar y agradecer a nuestro Creador. La palabra hebrea Shalom שלום, nos invita a ello: a trasmitirle a nuestros próximos nuestros deseos de salud, armonía, paz interior, calma y tranquilidad. Saludo que algunos solo traducen como paz refiriéndose más a un estado exterior o hasta un acuerdo entre dos partes. Por ello hay quienes piensan que Shalom en las Escrituras siempre apunta hacia una acción trascendente de la totalidad o sea debe entenderse como algo que relaciona el bienestar de todos.

Estudiosos de estos temas nos invitan a comprender que la raíz lingüística de Shalom le vincula con le-shalem, que significa también completar, retribuir, pagar o compensar, por lo que desde esa mirada se podría pensar que no se trata de solo la ausencia de conflictos o la desaparición de la hostilidad, sino que cuando se habla de Shalom se nos esta hablando de un retorno al equilibrio, a la justicia y la igualdad integral divina.

Costumbre que como creyentes nos incita a saludar a otros seres humanos en el nombre del mismo Creador, dándoles nuestras mejores bendiciones y recibiendo estas con el retorno del saludo de dicha persona. Intercambio verbal que va mucho más allá de un buen modal o cortesía ya que como nos lo denota en múltiples versículos la misma Torá nos invita a hacer rezos por el bienestar de nuestros semejantes o próximos. Y es que solo de esa forma, el usar las bendiciones del Creador en un saludo, tiene real coherencia.

Hermosa enseñanza que en todo su trasfondo nos esta pidiendo el estar ocupados tras el bienestar de nuestros próximos ya que nada en el mundo se puede realizar, ni disfrutar, sin el beneficio de la paz y de la tranquilidad general. Lo que implica que cuando ni siquiera estamos atentos de responder en la calle un simple saludo le estamos quitando a esa persona parte de su tranquilidad e incluso de respeto. No olvidemos que para el Creador cada ser humano es único y sagrado y ello amerita entre muchas cosas que nos propongamos vivir en paz y armonía buscando nuestro bienestar, que es general.

Los valores y preceptos que nos enseña el Creador a través de su Palabra deben de sembrarse y cultivarse para que den sus frutos o de lo contrario como sucede con la misma tierra la maleza puede crecer dentro de nosotros. Así que debemos trabajar y abonar nuestros seres con dichos mandatos que revelan nuestro potencial, siendo ese sencillo saludo a través incluso de un gesto, la primera posibilidad de bendecir la vida de esos otros seres visionando para ellos todo lo que la divinidad nos otorga a diario a través de la vida.

El Texto de Textos nos revela en II de Tesalonicenses 1:3, “Debemos siempre dar gracias al Creador por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás”.

Oremos para que nuestra paz interior sirva de luz en la vida de nuestros próximos y semejantes.