El Texto de Textos nos revela en Jueces 14:12, “Y Sansón les dijo: Yo os propondré ahora un enigma, y si en los siete días del banquete me lo declaráis y descifráis, yo os daré treinta vestidos de lino y treinta vestidos de fiesta. 13 Mas si no me lo podéis declarar, entonces vosotros me daréis a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de fiesta. Y ellos respondieron: Propón tu enigma, y lo oiremos”.

Se sabe que toda virtud tiene que ver con una serie de cualidades que identifican los comportamientos de una persona y se cree que en buena parte estas se convierten en hábitos gracias al ejemplo de nuestros seres cercanos. Y aunque se puede hablar de una gama de principios, mandatos, preceptos, valores o de una serie de actitudes sociales que enaltecen nuestras relaciones, lo cierto es que el amor hace que la lista de ser justos, prudentes, pacientes, honestos, responsables, serviciales o en fin seres humanos, se concrete a través de ese fluir y vinculo perfecto.

Lo que no desdice que algunos hablen de cuatro virtudes cardinales de las cuales se derivan las otras: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Virtudes humanas que se convierten en disposiciones estables del entendimiento y de la voluntad con las cuales se deben regular nuestros actos, se pueden ordenar nuestras pasiones, pero sobre todo, se debe consolidar la guía de nuestra conducta teniendo para ello presente la razón y la fe.

Virtudes que miradas incluso desde lo físico reconocen que la fuerza tiene que ver con la capacidad que se tiene de modificar la forma o estado de reposo de un cuerpo, lo que como analogía explica que la construcción final y la unión de todas las piezas es la palabra del Creador la cual genera la acción que da lugar a la Luz en la que suponemos esta Él. Por ende quienes saben usar en el idioma original Hebreo la combinación correcta de las letras, afirman se encuentran con esa fuerza que les permite integrarse a ella y fluir armónica y virtuosamente dentro de ella.

Desde dicha mirada podemos hacer otro enfoque que nos lleve a comprender que dichas virtudes parten de alguna forma de cada letra que pronunciamos, entendiendo que todas se derivan de las cuatro que forman el Nombre del Creador y que expresan dicha fuerza que le da vida a toda la creación como la conocemos hoy: Álef Hei Vav Hei, las cuales como el Tetragrámaton, Yud Kei Vai Kei, potencian toda la movilidad que tiene nuestro universo y gracias a sus combinaciones es que podemos conocer y reconocernos dentro de esta.

Así las cosas las virtudes nos sirven de instrucciones sobre cómo crecer y trascender para que podamos integrarnos con el Creador y recibir más Luz y bendiciones en nuestra vida al usar con nuestro lenguaje y actos estas herramientas que con sus combinaciones forman todo lo que conocemos, lo cual nos sirve para mediar todos los aspectos de nuestras coexistencias. Se trata entonces de provocar con estas palabras nuestra propia transformación y utilizar dichas virtudes como herramientas para fraternizas más.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 11:7, “¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos; como está escrito: el Creador les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy”.

 

Oremos para que nuestras virtudes nos den la fuerza para alcanzar una genuina espiritualidad.