El Texto de Textos nos revela en Génesis 2:20, “Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él”.

Fuimos creados por la Palabra así que cada letra, consonante y signo tiene un significado y valor imaginario que regularmente mal usamos, lo que nos invita a darle a nuestro lenguaje el verdadero poder que tiene y de otorgarle no solo esa importancia sino un debido alcance para guiar nuestros pensamientos y vidas con expresiones de las cuales se derive esa posibilidad de recrearnos en toda la obra creadora de nuestro Padre Celestial.

La Biblia es clara al decirnos que con palabras el Creador formó todo en lo que nos reconocemos, por lo que cada letra como por ejemplo la Pe, פ ף, décima séptima del alfabeto fenicio y hebreo, nos expone esa fuerza divina que como materia prima y aliento nos anima. Se cree que Pe adherida al Verbo simboliza el cómo desde el silencio se nos forjo, lo que nos invita más que hablar a callar. Ya que si el ojo ve y la boca expresa, por lo que debemos tomar de dicha sensibilidad perceptiva para asociar a Ayin, ojo, con los demás órganos físicos de los sentidos y asi entender mejor esa posibilidad de recrear imágenes que llenen nuestro vacío interior.

En nuestro idioma la pe se pronuncia como P o F, y aunque para algunos no significa boca ni tampoco les alude alguna relación con el signo Pi, Π, π, griego, número infinito que posteriormente permitió para nuestros abecedarios occidentales el nacimiento de la P y que tiene un equivalente cirílico más en gematria proyecta los valores numéricos פ = 80 y ף = 800, lo cierto es que en ella hay cientos de correspondencias incluso con la Estrella, que como símbolo de la apertura, nos proyecta a sabernos parte integral de la Creación.

Así es como todas las palabras nos comunican e integran, aun dentro de sus silencios y secretos con todo lo que la creación exterior nos trasmite y que interiormente parece obviamos. O cómo explicar que allí en nuestra boca reposa también el aliento de vida así como nuestra capacidad de alimentarnos, todo lo cual nos indica que en esos intercambios que son además comunicacionales con el mundo, nos reencontramos con dicha puerta de acceso y de exteriorización del aliento vital.

No es gratuito entonces que la boca deba mantenerse mojada para intentar de alguna forma purificar y refrenar una lengua indómita que encuentra en los dientes una barrera, instrumento que aunque reproduce palabras, debe ser controlada si es que comprendemos su poder: a imagen y semejanza del Creador, del Verbo divino. Palabra creadora y liberadora que nos ingresa igualmente al mundo de las formas concretas que disfrazadas de imágenes audibles reflejen una realidad que debería contener el ideal de belleza y de esperanza divina para lo cual se requiere de esa su influencia moral.

El Texto de Textos nos revela en Santiago 3:2, “todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo”.

Oremos para que nuestras palabras recreen los mensajes del Creador en nuestros entornos.