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Mi Kabbala – Sivan 10, 5785 – Sábado 7 de junio del 2025

¿Resucitar?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 26:19, “tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. !!Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos”.

Hay quienes creen en la reencarnación, más los creyentes aceptamos la resurrección, que implica resurgir y volver a la vida, la eterna, gracias al perdón del Creador. Razón de peso por la cual nuestro Señor Jesucristo vino a este mundo, murió y resucitó al tercer día, denotándonos que, aunque tenemos un cuerpo, este ya no será físico terrenal, sino como el de Él, ya que al resucitar trascenderemos a una dimensión divina en donde no necesitamos de ese envoltorio material que como vehículo temporal albergo nuestra alma, la misma que no tenía conciencia plena de esa espiritualidad hasta el final de sus tiempos en donde seremos transformados plenamente al expiar (כָּפַר, kaphar) nuestros pecados.

Quienes por su parte nos hablan de la reencarnación nos dicen que encarnaremos materialmente nuevamente en otro cuerpo, doctrina que sin embargo no posee ninguna base bíblica. Quienes aceptan dicha creencia afirman que el alma del fallecido asumirá un nuevo cuerpo para fines de purificación (טָהֳרָה, tahorah), es decir, las sucesivas reencarnaciones de esta, las cuales le harán alcanzar la perfección y al final de este largo proceso, corrigiendo sus culpas y pecados cometidos en esas reencarnaciones sucesivas, trascenderá, todo por obviar la muerte de nuestro Salvador y Mesías.

Algunos estudiosos que consideran que como Abraham debemos vivir ciento veinte años, obvian que ese límite poco tiene que ver con un perfección ( מִכְלוֹת, miklah) que aunque toca nuestra voluntad solo se logra a través de Él por lo que nuestra alma humana, que es eterna, necesita es de Su guía, por ende suponer incluso que podemos encarnarnos en animales o hasta vegetales, es quizá no asimilar que aunque hacemos parte integral de un todo que espera nuestra perfección, somos sus hijos y solo necesitamos el integrándonos a Él inicialmente a través de Su obra.

Quienes atendemos los preceptos del Nuevo Testamento entendemos plenamente además que nuestro Señor Jesucristo murió por nuestros pecados, venció a la muerte y con ello nos garantizó la vida eterna (עוֹלָם, olam) por lo que la resurrección significa que Él cómo redentor, es el único camino posible para encontrar esa reconexión divina y salvación perpetua, la cual no se puede lograr por nuestros propios méritos. Por lo tanto, Él es la razón de ser de nuestra Fe y su guía a través del Espíritu Santo es la que nos permite retornar a nuestro estado original.

Tejiat haMetim (םיתמה תיחת o dar vida a la muerte), como concepto nos lleva a una perspectiva Biblia interesante en donde se nos reitera que los justos heredaremos el Reino de los Cielos, lo que implica de alguna forma el vivir a cada momento con esa esperanza de intentar que más seres humanos logren comprender este mensaje celestial que nos lleva a confiar plenamente en Él, entendiendo por lo tanto, que este tiempo terrenal corto no es más que una transición de nuestra verdadera realidad celestial en donde naceremos de nuevo, gracias a que superaremos conscientemente el pecado y sus efectos mortales.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 20:12, “y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante el Creador; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras”.

Oremos para comprender lo que significa realmente Jesús y su resurrección.

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