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Mi Kabbala – Jeshván 10, 5786 – Sábado 1 de noviembre del 2025. 

El Texto de Textos nos revela en Isaías 40:12, “¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?  13 ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole? 14 ¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?

El concepto de imagen (tzelem, צֶלֶם) nos lleva a otra expresión más breve: tzel, que significa “sombra” y así gracias a esa analogía, llegamos a la Luz del Creador, a esaschispas producto de la vibración de Su Palabra, las mismas que proyectan destellos en la oscuridad de nuestras mentes: imágenes, de Él, reflejos que nos guían hacia Él y ese todo del que nos alejamos, integración que nos habla de Su belleza y divinidad, otra realidad a la que podemos acceder al otorgarle otro significado a nuestro lenguaje, vivencias que requieren de otros conocimientos para darle otro sentido a nuestrascoexistencias.

Nuestros intercambios de información nos llevan hoy a percibir a través de nuestros sentidos decodificados otro tipo de significados que con sus ruidos, olores, sabores o aquello que tocamos clasificamos en nuestra memoria de una forma acorde a esas experiencias preestablecidas, realidad que está alejada de esa imagen divina que, en esencia, sigue retroalimentándonos, aun desconociéndole por recrearnos más en nuestro caos, desorden y conflictos, fruto de un libre albedrío que, al no ser pastoreado (roeh, רוֹעֶה), por Su Palabra y Sus preceptos, nos mantiene presos de imágenes confusas.

Fluimos con Su Luz, Su energía, pero las bloqueamos con nuestros distractoreslingüísticos, que nos desvían de ese sentido trascendente y nos conducen a alucinaciones confusas que se apoderan de nuestras mentes, ideas llenas de nuestros desconocimientos, que reproducimos y que provocan nuestras históricas desilusiones, esas que nos limitan y desenfocan con engañosos imaginarios, necesitando iluminar nuestro entendimiento (Biná, בינה, tercera sefirá), para que nuestro proceso racional se articule con esa voluntad divina y seamos orientados hacia otro tipo de pensamientos, alineándonos con Su Palabra.

Creyentes como Acaz (אָחָז, ʼĀḥāz, “sostenido”), nos llaman a aferrarnos a la sombra del Creador, para reorientarnos con esos destellos en pro que nuestro cuerpo, cual tabernáculo, permita ese reencuentro permanente gracias a Su Haz de Luz, tomando de Su imagen, de Su semejanza, para comportarnos conforme a Su Voluntad, logrando que esa Luz irradie en todos nuestros entornos y proyectando así la armonía y paz que Su Palabra reproduce, alejándonos de la esclavitud del pecado y de este mundo oscuro que nos mantiene fragmentados, cargados de alucinaciones y deseos egoístas.

Vivir bajo Su sombra (צֵל, tzel) significa entonces que tenemos la capacidad volitiva de mantenernos orientados por Él, a pesar de nuestra naturaleza pecaminosa para retroalimentarnos ya no del árbol del conocimiento del bien y del mal, sino del árbol de la Vida: nuestro Señor Jesucristo, mediante Su Espíritu Santo, quien nos alinea en la fe, consolidando nuevas vivencias que nos vinculan con Su amor, Su misericordia, Su justicia; perspectiva espiritual que nos permitirá hablar, pensar y actuar de manera semejante a Él, reconociendo además que al humanarse a nuestra imagen, nos rescató, redimió, salvó.

El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 3:16, “toda la Escritura es inspirada por el Creador, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre del Creador sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

Oremos para mantenernos a la sombra del altísimo.

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