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RESPLANDOR DIVINO

En los textos del Zóhar y de los escritos de los sabios se alude a visiones, sueños, profecías, percepciones de ángeles, etc., como funciones de esos sentidos espirituales. Estos relatos muestran que hay dimensiones perceptuales más allá de lo que los cinco sentidos pueden abarcar.

En la Biblia hay muchas analogías de los sentidos usados para expresar verdades espirituales: “ver” (ojos) se usa no solo literalmente sino para “ver la voluntad de Dios”, “ver promesas cumplidas”, “ver milagros”; “oído” para “oír la voz de Dios”, “escuchar la enseñanza”; “gusto” para “gustar lo bueno del Señor”; “olfato” para percepciones finas de pureza espiritual, etc.

En el Talmud se enseña que la sabiduría de la Torá depende de la escucha (shema), de la atención, de escuchar primero. En sentido espiritual, el sentido del oído (oído espiritual) es especialmente relevante para recibir revelación, para discernir lo que Dios habla.

En el Midrash y en los Salmos se habla también de los ojos del corazón, del ver interno, del oír interior, de la sensibilidad espiritual que permite ver cosas que los ojos físicos no pueden ver.

La percepción está “oculta” para que la busques conscientemente

El Zóhar dice que si la Luz del Creador fuera revelada sin preparación, el alma “moriría” de anulación total.

Dios se oculta para que el alma lo anhele, lo busque, y en ese proceso, se haga semejante a Él.

Por eso, la percepción espiritual se gana, no se regala. Se obtiene por medio de:

Corrección del ego

Intención pura (Kavaná)

Estudio con humildad

Acción altruista

Amor al prójimo (clímax del desarrollo espiritual)

El Zohar en varios pasajes habla de “velos” (klipot) que impiden la percepción espiritual, y de cómo al limpiar esos velos se va abriendo la visión interna, la capacidad de percibir verdaderas realidades espirituales.

El Zóhar y el Talmud hay enseñanzas profundas que nos ayudan a entender mejor cómo se configura ese velo de oscuridad, por qué nuestros sentidos “naturales” no perciben lo espiritual, y qué hacer para desarrollar una percepción más completa.

Los cinco sentidos revelan operaciones, no esencias

En el Prefacio al Zóhar, Baal HaSulam explica que los sentidos físicos (vista, oído, tacto, gusto, olfato) sólo nos muestran manifestaciones externas de lo que él llama “esencia” o “forma interna”, pero nunca la esencia misma.

Esto significa que lo que percibimos con los cinco sentidos es siempre parcial, un efecto, un reflejo, una sombra de la verdad interna. El velo de oscuridad funciona justamente porque esos sentidos no pueden penetrar hasta la raíz.

El Zóhar invita a que “nuestros Kelim” (vasijas espirituales, nuestras facultades internas) se purifiquen para poder captar no solo manifestaciones, sino acercarse a la esencia.

Necesidad de refinar la intención (‘Kavaná’)

El Zóhar subraya que no basta “ver” o “oir” en el sentido físico; hace falta que haya una intención espiritual correcta, un deseo de recibir para dar, de salir del egoísmo. Esa intención permite que algo de la esencia se revele a través de las manifestaciones.

El velo como diseño divino para el crecimiento

En las enseñanzas cabalísticas recogidas en los prefacios del Zóhar se dice que no podemos percibir la esencia porque “la Providencia” ha dispuesto nuestros sentidos tal que experimentemos primero manifestaciones, sombras, formas, antes de poder alcanzar niveles más internos.

Esa limitación es intencional: sirve para que aprendas, crezcas, busques, desarrolles discernimiento, pureza, humildad.

Percepción espiritual progresiva

En textos como “Tikkun” del Zóhar, se habla de la ascendencia espiritual a través de mundos superiores (por ejemplo, los mundos de Atzilut, etc.), donde la Luz es menos velada. A medida que el alma avanza, los velos se vuelven gradualmente transparentes.

Enseñanzas del Talmud / Midrash relacionadas

“Ceguera” espiritual como consecuencia del pecado o del ego
En el Talmud hay varios pasajes que hablan de ojos que no ven, de personas que estando cerca del bien, no lo perciben, muchas veces por orgullo o desequilibrio moral. Por ejemplo, en el Midrash acerca de Itzjak (“Yitzchak”) que se dice que sus ojos “se debilitaron” por ver cosas malas, por vivir bajo la carga de ver lo que le duele (como la religión corrupta de su entorno).

Esta ceguera no siempre es física, sino psicológica, moral, espiritual.

“Ojo bueno / ojo malo” y la interacción con la percepción
En la Mishná y en el Talmud hay enseñanzas de que la “mirada” moral (cómo miras a los otros, qué deseas, qué juzgas) afecta tu estado espiritual, tu percepción de lo que está delante. Un “ojo cerrado” hacia los demás o hacia la verdad endurece el corazón.

La idea de sagi-nahor y “ilusión de luz”

En textos talmúdicos se usa el término sagi-nahor (“suficiente de luz”, “muy iluminado” literalmente) para indicar alguien que parece ver o ser iluminado, pero realmente está bajo cierta forma de ceguera espiritual. Se habla de ceguera no por falta de luz, sino por falta de apertura interior.

Responsabilidad en usar correctamente los sentidos

En el Talmud se insiste en la importancia de no “matarnos” espiritualmente usando mal lo que vemos, lo que oímos: poner guardas, controlar lo que alimentas tu vista, tu oído, tu mente, ya que lo que permites entrar puede reforzar el velo o disiparlo.

Con esas enseñanzas podemos armar algunas prácticas concretas:

Autoexamen frecuente: revisar no solo lo que ves, sino cómo lo interpretas; qué sentimientos surgen, qué juicios haces inconscientemente.

Orar por apertura espiritual: pedir que los ojos espirituales se desenvelen, que el oír sea para entender lo esencial, no solo lo superficial.

Purificar intención: antes de leer, hablar, ver, escuchar algo — preguntarte si lo haces para crecer, para amar, para servir, o por ego, curiosidad vana.

Estudio del Zóhar con mente abierta: leer pasajes que hablan de los sentidos espirituales, de luz y oscuridad, con guía, para que el lenguaje simbólico te penetre, no se quede en el intelectual.

Ejercicios de contemplación silenciosa: meditar en un objeto natural, en una imagen, en un sonido — dejar que el corazón escuche más allá de los sentidos físicos.

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