
Mi Kabbala – Kislev 10, 5786 – Domingo 30 de noviembre del 2025
¿Interceder?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 7:14, “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.
El vibrar de la Palabra del Creador lo percibimos como luz, movimiento energético que se materializa producto de los fragmentos de su esencia que nos conforman y que tenemos la capacidad de maniobrar producto de nuestro libre albedrio, de allí la importancia de integrarnos a Su voluntad, hoy, a través de la oración (תפילה, tefilá), fluir que nos acerca a Él para no seguir siendo cogobernados de un egocéntrico pecado que simplemente nos impide cumplir con esa misión de ser la nueva arca de la alianza, puente, a través del cual nuestra alma encerrada en nuestro cuerpo, encuentra desde este templo la posibilidad de unirse, de reintegrarse a la creación y a través de ella con Él.
Somos Luz sin embargo debemos recibir en pequeñas proporciones su carga, adaptándonos a ella, probablemente por ello se considera que en este plano es nuestro lenguaje ese insumo que captura y trasforma esas chispas de luz que vibran desde Su Palabra, intervención que requiere del Espíritu Santo quien nos proyecta desde nuestro ser interior esa posibilidad de traducir nuestros pensamientos alucinantes egoístas en acciones de servicio y entrega, creciendo así integralmente, hasta que podamos llenar todos nuestros vacíos de vivencias a Su lado, enseñanzas (mishná o misná, מִשְׁנָה) que nos guían.
María como madre de Nuestro Señor Jesucristo recibió del mismo Espíritu Santo esa Luz plena, sirviendo por ende de intercesora, visión mística que hace incluso referencia a la cara femenina del Creador o Shekhinah (shaján, שכן, residir) concepto que podemos entender además como el habitar en el mundo gracias a la inmanencia del Creador, por lo que entendiendo en su todo esa perspectiva de la diosa madre o novia del Padre, que tanto se visiona en el discurso divino, está claro que como ella, la novia: Su iglesia, nosotros también como hijo debemos atarnos a Él para que nos despose.
Tarea que María encarnó como ejemplo terrenal de lo que significa interceder por nuestros próximos en donde incluso vislumbrarnos en el dolor que atravesó su corazón, todo lo que significa la misericordia divina, la misma que llevada a la imagen de una madre adolorida nos permite encontrar razones de peso para que como creyentes recordemos no solo que nuestras lagrimas son secadas por la esperanza de nuestra redención, sino que Él nos guía a través de Su Espíritu, así que como aquella virgen (almah, עַלְמָה) estamos llamados a sabernos esposa e iglesia y a esperarle amorosamente, entregándonos solo a Él quien es el dueño de nuestras existencias.
Es por ello que María ( מִרְיָם, elegida), la misma que nos hace referencia al nombre de Miryam (excelsa), nos invita a dejar la esclavitud del pecado y toda la oscuridad que ello significa y encender nuestra luz de Su amor para que todas nuestras virtudes sirvan de ejemplo y así poder iluminar todos esos rincones de este mundo en donde el mensaje del Creador aún no ha llegado, especialmente porque nosotros que somos poseedores de tal verdad estamos ocupados en otros asuntos o hasta asustados de lo que nos pueda pasar: si en algunos círculos oscuros se enteran de a quién nos debemos.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 1:18, “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo”.
Oremos para que como María aceptemos los propósitos del Creador.



