
Mi Kabbala – Tevet 8, 5786 – Domingo 28 de dicie,bre del 225
¿Adhesión?
El Texto de Textos nos revela Job 5:17, “He aquí, cuán bienaventurado es el hombre a quien el Creador reprende; no desprecies, pues, la disciplina del Todopoderoso”.
El concepto de natividad viene de nacer (לְייַלֵּד, leyaled) que para los cabalistas implica el asumir voluntariamente una responsabilidad de trabajar diaria y grupalmente para integrarnos al Creador a través del amor, enfatizando constantemente sobre dos dimensiones: mente y emociones, lo cual nos llama a un despertar cotidiano para asumir desde el primer instante y hasta el último día, una vez salgamos de este ciclo temporal, no el camino de la muerte, sino el paso a la eternidad, gracias a transitar por esos senderos en donde nos adherimos definitivamente al Creador, por ahora a través de esta Su obra.
De Adam, nace adamá (אדמה, tierra), palabra que nos habla de las primeras nueve Sefirot, de nuestra naturaleza, esencia, que nos reitera que hacemos parte integral de una creación que vibra con Su Palabra, la cual nos cogobierna y en la que debemos recrearnos, por lo que somos nosotros quienes en definitiva logramos alcanzar o no la adhesión a Él a través de nuestra voluntad o por el contrario, aun sospechando ser a Su imagen y semejanza nos perderemos en interacciones tras otro tipo de objetivos, menos trascendentes, de esos que nos mantienen esclavizados a búsquedas mercantiles.
Anhelo de unidad (עמד, pa´al) que explica ese propósito divino que se nos revela gracias a alinear cada pensamiento, palabra y acción con Él, gracias a Su Espíritu, el cual nos guía hacia dicho fin, visión que se planea incluso antes de nacer, para desarrollarla conscientemente en el trascurso de nuestras vivencias, proceso, que nos lleva de la inconciencia de nuestras oscuridades e ignorancias egocéntricas, a nuestro desarrollo interior, producto de esos conocimientos adquiridos al tomar de su sabiduría para iluminar nuestro entendimiento en pro que nuestra alma despierte de su letargo.
Integrarnos o adherirnos a la fuente principal de Luz: nuestro Creador, implica sobre todo que nuestros entornos inanimados y vegetativos, lógicamente se articulen con los animados para que así todo ello nos sirva de medio en pro de alcanzar ese objetivo, logrando que cada interacción con sus informaciones e insumos nos aporte en ese anhelo unificador, para el cual contamos con un libre albedrio que nos hace conscientes de todas nuestras inconciencias, brújula (מַצְפֵּן, matzpen) divina, que nos lleva a no perder ese norte, el cual Él mismo nos diseñó a través de Su plan perfecto.
Jonás (יונה, Yōnā) quien estuvo en el vientre de un pez, por desobedecer la orientación del Creador, es quizá el mejor ejemplo para denotarnos que todas nuestras relaciones deben iluminarnos, sumando voluntades, las mismas que guiadas por el Haz de Luz del Creador nos posibilitarán cumplir con esos propósitos celestiales, para así no dejarnos influir por otras fuerzas que nos obstruyen, lo que además se convierte en sentimientos adversos, fluctuaciones que incluso nos llevan a apegarnos a una serie de incoherencias que históricamente hemos coloreado como miedos y que se oponen para alcanzar ese objetivo trascendente común final que como especie nos llama, a que corrijamos a diario esas incoherencias hasta asemejarnos cada vez más a Él.
El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 4:2, “Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción”.
Oremos para que a cada instante nos mantengamos en ese propósito de unidad.



